martes, 29 de diciembre de 2020
sábado, 14 de noviembre de 2020
CAFETERÍA LA VIEJA COLOMBIA
Terminaba de
llegar a la cafetería La vieja Colombia, una vez dentro se detuvo a
pocos metros de la puerta giratoria, aquellos tonos rojizos de la
madera hacían resaltar los dibujos tallados en sus cristales, se
trataba de algunos de los lugares más populares de Colombia. La
Candelaria de Bogotá, la Plaza central de Villa de Leyva, el
Cafetero... Eran algunos de los lugares que decoraban los cristales
de la puerta, marcando así la propia identidad de la cafetería.
Echó un
vistazo observando con atención cada rincón del local, buscaba el
lugar adecuado donde sentarse. Normalmente tomaba su café en la
barra, pero para esta ocasión se requería algo más de tranquilidad
e intimidad.En poco rato
la cafetería no tardaría mucho en llenarse, así que se decidió
por una de las mesas que se encontraba en la parte acristalada de la
cafetería que daba a la calle. El contemplar las luces callejeras y
el ir y venir de los viandantes le otorgaban un toque romántico, o
más bien nostálgico.Si
querías quedar con alguien, la calle Bohemia era el lugar indicado,
donde encontrar todo tipo de locales variopintos, era un buen punto
de encuentro. Su suelo empedrado con pequeños adoquines era lugar de
paseo, de reencuentros
y también de despedidas.
Allí sentado
frente al ventanal sus ojos parecían acompañar el ir y venir de los
transeúntes, sus pupilas se movían al ritmo de aquellos pasos
insonoros por la música de ambiente que sonaba en interior del local
.Empezó a
recordar las letras de aquella carta que había escrito tiempo atrás,
letras que ahora se podrían leer en voz alta sin ningún tipo de
temor, aquella carta tenía una misión importante, pues sus letras
estaban vestidas de sentimientos que volaban a la espera de llegar a
buen puerto, que no era otro que el de su pecho.
Todo había
comenzado con una pequeña fotografía que aguardaba escondida entre
las páginas de aquella novela que había pedido en préstamo en la
biblioteca del centro de la ciudad.Entre sus
dedos sostenía aquella fotografía en tonos sepia. Que caprichoso el
destino al hacer que esa fotografía aguardase silenciosa, escondida
entre las páginas, esperando a ser descubierta por algún entusiasta
de la lectura. Recordó como había elegido la novela, la ilustración
de su portada le llamó gratamente la atención y sosteniéndola
entre sus manos, se dijo para sus adentros: -¡porqué no!-, haciendo
caso omiso a la lista de recomendaciones que siempre se encontraba en
el luminoso, justo detrás de la mesa de la bibliotecaria. Las
posibilidades eran tan remotas, ese pensamiento hacia crecer en él
una extraña curiosidad por saber quien se escondería detrás de
aquel rostro.
Lo primero
que vino a su mente fue preguntar a la bibliotecaria por el hallazgo,
pero su mente ágil y perspicaz le avisó de que se le exigiría
devolver aquella fotografía, y así de este modo perdería toda
oportunidad de poder devolverla en persona.En las
siguientes semanas como su empeño no cesaba, empleó algunas tardes
para pasarse por la biblioteca y de manera muy discreta poder
preguntar a las personas que allí sentadas se encontraban leyendo en
un absoluto silencio. saber si conocían a la chica de la
fotografía, si por casualidad reconocían aquel rostro. No perdía
la esperanza de poder averiguar alguna información que le ayudara a
cerrar la búsqueda.Pero hasta el
momento no había tenido mucha suerte, se preguntaba si quizás
aquella fotografía no la habría olvidado su propietaria entre las
páginas de aquella novela, quizás esa fotografía había sido un
presente para alguien especial.
Aquella tarde
se paró frente a la máquina de refrescos para tomarse un café
calentito antes de salir a la calle, el aire de otoño empezaba a
refrescar a última hora del día.Dudó unos
segundos si seleccionar un capuchino o un café descafeinado, pues
ya era algo tarde para una dosis de cafeína.Al final su
dedo presionó el botón de café capuchino y mientras contemplaba
el proceso de aquella máquina expendedora, como aquel fino hilo de
café cumplía la misión de ir llenando poco a poco aquel vaso de
plástico, envuelto por un dulce aroma de cacao, al tiempo que la
espuma se hacía visible, una voz masculina le sacó de su pequeño
ensimismamiento.-¿Es usted
quien pregunta por Daniela?--Perdón... ¿Cómo dice?- Samuel pareció no entender muy bien la pregunta.-¡Que si es
usted la persona que busca a la chica de la fotografía!--¡La
conoce!- sus palabras sonaron en voz alta, y eso hizo que el silencio
de aquel pequeño hall se rompiera.-Podría
mostrarme la fotografía-, preguntó aquel joven.Sacando del
bolsillo de su chaqueta la fotografía, alargó su brazo ofreciendo
el retrato a aquel desconocido.-Si, se trata
de Daniela--¡Daniela...
así se llama!, ¿la conoce usted?- Samuel parecía empezar a ver un
poco de luz.-Si, la
conozco!--¿Quiere un
café?- Samuel le ofreció tomarse un café, con el fin de poder
conversar y averiguar que es lo que podía contarle sobre Daniela,
desde ese momento aquel rostro ya tenía nombre, ¡Daniela!... que
bonito nombre, ese pensamiento cruzó fugaz por su mente mientras
sacaba unas monedas del bolsillo de su pantalón.-Para mi
doble de cafeína, esta noche me toca trabajar-.
El extraño
observaba con atención los movimientos de Samuel, seguramente por su
mente se pasarían ciertas preguntas de porqué un extraño iba
mostrando la fotografía de su amiga.Con el vaso
en su mano de cafeína extra tomó el turno de preguntas.-¡Que quiere
saber de Daniela!, ¿Porqué la busca?-, desde luego que no se andaba
por las ramas, fue muy directo.Samuel
entorno los ojos hacia arriba, queriendo ordenar sus ideas y poder
expresarse de la mejor de las maneras.-Lo primero
es presentarme, soy Samuel- y en un gesto de saludo acercó su mano
para estrecharla con la mano de aquel desconocido.-Vera, hace
unas semanas saqué una novela en esta misma biblioteca, al llegar a
casa quedó abandonada durante unos días en uno de los estantes del
salón, pero llegado el fin de semana empecé con la tarea de su
lectura, cual fue mi sorpresa que en el noveno capítulo encontré
una fotografía, que según Ud. se trata de Daniela, al estar en mi
poder, sentí la obligación de devolverla personalmente a su
dueña... Y he aquí este encuentro y sobre todo mi curiosidad-.
El
desconocido era un joven algo corpulento, de unos treinta y pocos
años, su pelo era negro brillante y andaba vestido con ropa
informal, aunque su porte le hacía aparentar ser una persona pulcra
y con cierto atractivo.-Espero con
toda seguridad que no se trate de un loco a la busca de la fotografía
perdida- esa fue la primera reacción que se le pasó por la cabeza
al escuchar la versión de Samuel.Esas palabras
le causaron a Samuel una mala sensación, se clavaron en su rostro
como una bofetada inesperada, nunca se había visto de ese modo, ¡que
había de malo en querer devolver la fotografía!.Después de
un incomodo silencio, y ambos mirándose mutuamente a la cara, el
desconocido acercó su mano para presentarse.-¡Soy Luis!-
amigo de la familia de Daniela.Samuel algo
perplejo ante la teoría de poder ser un pobre loco, sin mediar
palabra sacó del bolsillo interno de su chaqueta una cartera de piel
marrón, la abrió con un gesto sereno, y sacó una pequeña tarjeta
de presentación, de la cual se podía leer: Samuel Fernández Soto,
así como el cargo que ostentaba en la empresa de marketing para la
que trabajaba, dirección teléfono, etc.-Aquí tiene
mi tarjeta de presentación, en ella encontrará los datos
suficientes como para asegurarse de que no soy ningún loco chiflado.
Puede llamar a partir de las 8:30 de la mañana y preguntar lo que
desee de mi-Sosteniendo
aquella tarjeta entre sus dedos Luis leyó de reojo aquellos datos.
-Está bien, en un acto de fe le tomaré por una buena persona que
tan solo se encuentra fascinado por saber quien es Daniela--¡Dígame
exactamente que quiere que le cuente!- parecía que Luis estaba
dispuesto a ayudarle.Dando un
largo sorbo a su capuchino, Samuel le preguntó la posibilidad de
hablar en persona con Daniela y poder zanjar el asunto de una vez por
todas.-Creo que lo
más racional sería que yo personalmente le entregase la fotografía
a Daniela, pero conociéndola también se que querrá darle las
gracias personalmente. Así que como ando algo mal de tiempo con los
turnos en la clínica, y no les puedo presentar esta semana, me
quedaré con su tarjeta para que Daniela pueda ponerse en contacto
con Ud.- y tirando su vaso de plástico al centro justo de la
papelera, Luis se despidió y salió del hall en busca de la calle.Samuel se
quedó en el pequeño hall durante unos minutos pensando en la
conversación, estaba contento por saber que al menos había
encontrado a una persona que si conocía a la desconocida de la
fotografía, pero por otro lado le albergaba una sensación de
incertidumbre, pensaba que quizás la chica no querría contactar con
él por una fotografía olvidada en una novela, eran posibilidades
que se barajaban en su cabeza, como prever cuánto tiempo tardaría
Daniela en ponerse en contacto con él.
Samuel se encontraba trabajando en
un proyecto para impulsar las ventas de un nuevo cliente, se trataba
de una empresa que había pasado por tres generaciones, había
llegado el momento de mostrar una imagen más fresca e innovadora con
el propósito de introducirse en nuevos mercados. Se encontraba
totalmente sumergido en el proyecto, cuando el sonido del timbre del
teléfono hicieron que levantara su cabeza del teclado del ordenador.
-Si, diga- contestó con el auricular apoyado entre su hombro y su
cabeza, eso le permitía contestar a la llamada y continuar
trabajado.-Samuel, hay una chica que quiere
saber si puede verte un momento- La voz era de Sandra la
recepcionista.-¿Como que hay una chica que
quiere verme?, hoy no tengo programada ninguna visita, ¡de quién se
trata!--Dice que se llama Daniela, que
sólo será un momento- Al oír aquellas palabras, el corazón de
Samuel se aceleró de manera precipitada. Se quedó mudo por unos
instantes, mientras Sandra le preguntaba que hacer.-Sandra, por favor no dejes que se
vaya, dila que espere unos segundos que salgo a recibirla- Samuel
estaba intentando calmar su agitación, estaba tan concentrado en el
nuevo proyecto que no se le había pasado por la cabeza la
posibilidad de recibir aquella inesperada visita.Se levantó algo nervioso, y
realmente no llegaba a entender ese estado de ánimo, se colocó bien
el cuello de la camisa, ajustando su corbata y aprovechó el reflejo
del ventanal de su despacho para acicalarse un poco el pelo.Daniela permanecía de pie en la
sala de espera, miraba con atención los títulos que decoraban las
paredes, algunos eran muy llamativos y se podían identificar
empresas bastantes reconocidas en el momento actual.-Vaya... incluso tienen algunos
premios ganados- se decía para si mientras leía con atención
aquellas distinciones.
Samuel la encontró de espaldas, de
pie frente a una de las paredes de la recepción, su pelo era
diferente al de la fotografía o al menos desde esa perspectiva lo
veía diferente, quizás se debía a que la fotografía estaba tomada
en colores sepia, y ahora su pelo con la luz del día se mostraba con
más cuerpo, más vida.-¡Hola!.. ¿Daniela?- Samuel la
hizo saber de su llegada.Daniela volteó la cabeza al
escuchar su nombre y al encontrarse con Samuel se puso frente a él,
al quedar frente a frente por unos segundos se hizo un silencio, los
justos y necesarios para contemplarse el uno al otro. Un primer
vistazo, la primera vez en verse, para Samuel ya no era solo el
rostro en una fotografía y supongo que para Daniela era conocer a un
desconocido.-Hola, soy Samuel- estirando su
brazo al tiempo que daba un par de zancadas Samuel le acercó su mano
para romper aquel silencio y entrar en las presentaciones.-Hola, soy Daniela, mucho gusto-
Daniela estrechó la mano de Samuel que notó como éste sostenía su
mano con algo de fuerza.Los dos sin saber muy bien porque
soltaron una pequeña sonrisa, que se asemejó más a un suspiro, esa
fue una buena manera de romper la incertidumbre del momento.-¡No me puedo creer que estés
aquí en persona!, ¿puedo tutearte?- preguntó Samuel a Daniela al
tiempo que sentía como su pecho se hacía grande por una agradable
sensación que le inundaba.-¡Claro que si!- respondió al
momento Daniela observando que Sandra la recepcionista no les quitaba
el ojo de encima.-¿Te apetece un café y así
hablamos con algo de tranquilidad?- propuso Samuel cogiendo con
delicadeza el brazo de Daniela para sacarla de la recepción.-¡Claro, aunque no dispongo de
mucho tiempo, en poco más de media hora tengo una entrevista
importante- aclaró Daniela.-Tiempo suficiente para tomarnos un
café en el Magnific- y de este modo ambos se dispusieron a dejar la
recepción, pero no sin antes Samuel hacerle saber a Sandra que
estaría fuera de la oficina durante media hora.Samuel en todo momento se mostró
muy amable con Daniela, quería causarle una buena impresión y
mostrar su lado más “caballero”, se adelantó a presionar el
botón del ascensor y una vez que las puertas se abrieron ante ellos,
la hizo entrar en un gesto con su brazo. La oficina de Samuel se
encontraba en la séptima planta y mientras el ascensor descendencia
a la planta baja Samuel inspiraba de manera discreta el perfume de
Daniela que inundaba el pequeño espacio.-¿Magnific?, ¡has dicho que vamos
ahí!- quiso saber Daniela por entablar una conversación.-¡SI!, se trata de un café
italiano, bueno no es que sea un café italiano, el italiano es el
dueño, pero su café es muy bueno- le explicó Samuel a Daniela
mientras observaba cada rasgo de su cara.
Fuera del edificio Samuel le mostró
el camino hasta llegar a las puertas del Magnific, era un bar de
barra larga y algo estrecho en su interior, tenia poca luz, pero los
farolillos que colgaban del tejadillo de madera le otorgaban un toque
acogedor, claramente era un lugar de barra.Samuel echó un vistazo al interior
del bar y decidió que sentarse al final de la barra sería un buen
sitio, tranquilo y alejado de la puerta principal. Después de que
Samuel le retirase el taburete a Daniela, ambos se sentaron y en un
cruce de miradas se regalaron de nuevo una sonrisa.
Según se
acercaba el camarero por el interior de la barra, Samuel le aconsejó
a Daniela tomar un tipo de café en concreto. Le documentó todas y
cada una de las razones por las que debía pedirse ese café, Daniela
le escuchaba con atención al tiempo que encontraba algo gracioso en
el rostro de Samuel, en cada una de sus explicaciones y no pudo por
menos que hacer aquel comentario.-¡Desde
luego que tienes que ser muy bueno en tu trabajo!- esas palabras
hicieron que Samuel se callara al momento.Clavando sus
ojos en aquella sonrisa observaba esos labios también perfilados y
pintados en un rosa malva.-¿Que quieres decir?- preguntó Samuel
algo intrigado por el comentario de Daniela.-Pues es muy
sencillo, que si pones el mismo empeño en tus campañas de
marketing, seguro que te metes a los clientes en el bolsillo- Daniela
no podía dejar de sonreír, había algo en Samuel que la producía
ese efecto.Samuel en una
carcajada echó su cuerpo para atrás, y al tiempo que el camarero se
paró delante de ellos, con su dedo índice hizo un gesto para pedir 2
Bravos.-Un café
Bravo para la sonrisa más bonita del local- de manera inconsciente
Samuel soltó aquellas palabras.-Vaya, además
de ingenioso, tenemos a un hombre romántico- y mirando fijamente a
los ojos de Samuel dijo: -¡Me gusta!-.
La media hora
se convirtió en cincuenta minutos, la conversación era amena, de
vez en cuando el sonido de sus carcajadas rompiendo el murmullo de
las voces del local, les hacia saber que no eran los únicos que se
encontraban en el Magnific, pero por alguna razón misteriosa del
destino, dos extraños en la barra de un bar habían conectado de una
manera casi mágica. Es ese tipo de situaciones en la que dos
personas que terminan de conocerse tienen la sensación de saber
mucho más el uno del otro, es como si aquellos cincuenta minutos
tuvieran la misma fuerza e integridad que otorga una amistad
consolidada por el paso del tiempo.Samuel
acompañó a Daniela y la ayudó a parar un taxi, ya iba algo justa
de tiempo para llegar a su entrevista, por el tono de voz y la
seriedad de sus palabras, se trataba de algo importante, pues el
desenlace de aquella reunión daría esperanza de vida a muchas
personas, eso es lo que Daniela le dijo a Samuel al tiempo que
cerraba la puerta del taxi.
Samuel con un
gesto se despidió levantando la palma de su mano, viendo como aquel
taxi se alejaba por uno de los carriles de la Gran Avenida, ya no
podía distinguir la silueta de Daniela sentada en el asiento de
atrás.Se quedó de
pie inmóvil al pie de la acera pensando, queriendo guardar muy
dentro de su ser aquel tiempo que había pasado con Daniela, para no
dejarlo escapar y así poder recrear a su antojo y necesidad cada
momento vivido con la protagonista de aquella fotografía que
aguardaba a ser rescatada del interior de una novela.Con paso
lento se dirigió hacia el edificio donde se encontraban las oficinas
de la empresa para la que trabajaba, como queriendo frenar la
realidad de volver y centrarse de nuevo en el trabajo. Sentía en el
pecho una sensación de plenitud y de cosquilleo, era una sensación
agradable, pero sobre todo de satisfacción por haber conocido
personalmente a Daniela.
Habían
pasado cinco semanas desde aquella inesperada visita a la oficina de
Samuel, el café Bravo que tomaron en la cafetería Magnific había
sido el pistoletazo de salida para unas ganas enormes de querer
conocerse mejor, de pasar tiempo juntos, ello les conduciría a los
largos paseos por uno de los parques de la ciudad conocido
coloquialmente por sus asiduos como el Parque de los Álamos Caídos.
A media tarde era la hora perfecta para quedar, aprovechando los
últimos rayos de luz, antes de que la belleza del paraje se fuera
apagando con la llegada de la noche.
De aquellos
paseos a Samuel especialmente le gustaba que Daniela en algunas
ocasiones se acercase a él para agarrarse a su brazo y como una niña
pequeña verla juguetear con su pie, cuando a su paso se encontraban
con pequeños remolinos de hojas que el aire caprichoso empujaba a su
antojo de un lado a otro del camino. Discutían sobre aquel reto que
ambos habían aceptado y que había empezado como una especie de
broma, y en esas pequeñas discusiones era cuando Daniela ponía al
descubierto su carácter competitivo y muy a menudo impulsivo, era
una mujer decidida y quería ganar, quería que Samuel aceptara que
gracias a ella se había tomado el mejor café que podía servirse en
la ciudad. Eso no implicaba que Samuel se diera por vencido y en cada
nueva cafetería, en cada pequeño bar que la llevaba intentaba
sorprenderla con un buen café, con un ambiente especial, o al menos
diferente a lo común, a lo conocido.Desde luego
que era un reto maravilloso, estar al lado de una mujer
extraordinaria. Los días caían al mismo compás que los árboles se
despojaban de sus hojas secas y marrones, ya cansadas de vida y de
verdor.
A finales de
noviembre, en una de sus tardes de paseo, sentados en uno de los
bancos del parque, Daniela le contó a Samuel sus planes de viaje,
estaba emocionada las palabras fluían una tras otra, como si se
tratara de una gran cascada de agua incesante. Sabía que aquel viaje
la llenaría de una gran satisfacción personal, llevaba más de año
y medio detrás del proyecto, habían sido muchos días de llamar a
muchas puertas, de largas exposiciones, de números, de estadísticas,
en definitiva de esperanza de vida para muchos niños.Daniela
colaboraba estrechamente con una ONG, su trabajo en el laboratorio
farmacéutico la quedaba formalmente correcto, pero ella quería más,
además de supervisar el proyecto, quería viajar al país, conocer
las necesidades de esos niños desfavorecidos, quería colgar la bata
en el vestuario y poner esas vacunas personalmente.Ese torrente
de información soltada a bocajarro bloqueaba la mente de Samuel que
solo podía pensar en su partida, en una semanas Daniela estaría muy
lejos de aquel parque, las emociones se acumulaban en su pecho y su
mente quería parar el tiempo, parar aquel momento.-¿Como que
te vas?, ¡pero por cuánto tiempo!- Samuel quería saber, necesitaba
saber, el cómo, el por qué, el cuando, como podía ser que esa
cascada de palabras pudiera alegar a esa persona tan maravillosa de
su vida.-Pues
seguramente que se cierre el vuelo para unos días antes de las
fiestas de navidad, a finales de semana nos llegará la confirmación
de la agencia de viajes- Daniela le daba detalles a Samuel quien
recibía aquella noticia con gran sorpresa.-¡Que te
pasa Samuel!, ¿es que no te alegras por mi?- Daniela se percató en
seguida que aquella emoción, no era una emoción compartida.-¡Si,
claro!, es una noticia muy buena y es algo increíble tu trabajo en
la ONG, pero... -¡Pero qué!-
Daniela interrumpió a Samuel, su tono había pasado de emoción a
enfado.-¡Nada!...
es que sinceramente me ha sorprendido, no esperaba tener esta tarde
una conversación de este tipo, pero sin duda es algo muy bueno para
ti y sobre todo admirable-. Samuel intentó mostrar una actitud más
amigable.-¿Sabes una
cosa Daniela?- levantándose del banco Samuel le lanzó aquella
pregunta.-¡Dime!-
respondió al momento Daniela que le contemplaba aún sentada en el
banco.-Me había
imaginado una navidad diferente, una navidad compartiendo momentos
contigo, pero está claro que la navidad va a ser muy diferente a la
que yo me había imaginado.--¡Sabes
qué!- le replicó Daniela al tiempo que se levantaba del banco y
agarrándose a su brazo continuó: -Este año tendremos que adelantar
la navidad-.Y caminando
hacía la puerta principal del parque sus siluetas se desdibujaron
con la luz amarillenta de las farolas que quedaban detrás de ellos.
Samuel le
había entregado en el aeropuerto un pequeño paquete envuelto en
papel de regalo, le hizo saber que era su regalo de navidad.-No abras el
paquete hasta que no estés dentro del avión, hasta que no estés
sentada y el avión haya despegado del suelo-. Y dando un fuerte
abrazo a Daniela se alejó de la sala de embarque, no quiso voltear
su cabeza para contemplarla una ultima vez, era demasiado doloroso
aquel peso que crecía y sentía en su pecho.Una vez
acomodada en su asiento, Daniela observó por la ventanilla, todo a
su vista quedaba pequeño y diminuto. En un suspiro largo y profundo
tomó el paquete que reposaba encima de sus piernas, con cuidado
quitó el lazo de seda de color rojo y leyó la inscripción que
ponía en la etiqueta: “Deseo que te guste” y recordando en ese
momento el rostro de Samuel en su rostro se dibujó una sonrisa.Al
desenvolver el paquete descubrió que se trataba de la misma novela
en la que Samuel encontró su fotografía, pero en esta ocasión al
levantar la tapa dura de aquella novela lo que aguardaba entre sus
página era una carta, en el sobre se podía leer: “Cafetería La
Vieja Colombia”.
Ángeles
Calvo Sánchez-Cid(13 de
noviembre de 2020)
lunes, 5 de octubre de 2020
lunes, 21 de septiembre de 2020
EN BLANCO Y NEGRO
Imagen bajada de la red
Me enamora lo sencillo, lo bello, lo natural, lo que sale de dentro, sentir en el pecho la grandeza de un amanecer, el lenguaje mudo de unas manos entrelazadas, unos ojos que me buscan, me encuentran y me atrapan.
Un sentimiento en blanco y negro, el rojo de la sangre que recorre por tus venas, escuchar el latido de tu propio corazón acelerándose cuando el sentimiento se vuelve color.
viernes, 11 de septiembre de 2020
EL ULTIMO RAYO DE LUZ
Imagen bajada de la red
Un rayo de luz se coló de manera inadvertida, quería acomodarse en aquel mechón de su flequillo, aprovechó la caricia de la brisa en una última tarde de verano, para entrelazarse y juguetear en aquellas espesas y negras pestañas. Ella seguía pensativa, entre papeles y libros se perdían sus ojos, parecían navegar, sumergirse y al mismo tiempo flotar entre notas de tinta seca.
El rayo
de luz tímidamente se dejó caer por su mejilla, maquillando su
rostro con una suave y sutil estela de luz, haciendo que ella se
viera aun más bella y delicada.
Sin levantar el ancla de sus
ojos, seguía absorta, entre teorías, fórmulas y posibles
resultados, con uno de sus dedos acarició su mejilla de manera
espontánea, como si hubiera advertido la presencia de aquel furtivo
rayo de luz.
La yema de su dedo en contacto con su rostro hizo
que aquel rayo de luz se fuera apagando según caía por el laberinto
de su huella dactilar, podía sentir miedo, exaltación, dicha
y gozo... ¡Que otra cosa podía ser que amor!
Así que
decidió vestirse de fino hilo dorado, quería cumplir su deseo antes
de que se escondiera el sol, verse reflejado en las pupilas de
aquellos ojos verdes, verde esperanza. Su luz se hacía más tenue,
se iba apagando en la última tarde de verano, verde eran sus ojos,
verde la esperanza de saber que volvería con el primer rayo de sol a
enredarse en sus pestañas.
Ángeles Calvo Sánchez-Cid
(10
de septiembre de 2020)
P.D. Dedicado a mi Alma Gemela
miércoles, 2 de septiembre de 2020
GOTAS DE MAR
jueves, 30 de julio de 2020
AL FINAL DEL MUELLE - Capitulo 2 - EL CONCURSO-
Imagen bajada de la red
Angi había dormido profundamente y además lo había hecho de un solo tirón. Ahora ya no debía de correr para vestirse y dejar su habitación recogida antes de bajar al comedor a desayunar, del mismo modo que lo hacían el resto de sus compañeras y alumnas del colegio femenino. Era curioso, ya que Angi había dado vacaciones al despertador, quedando mudo de vida, de horas, de minutos, dentro de aquellas paredes que durante algo más de nueve meses al año formaban parte de su día a día, de su educación, de su pequeña vida. Pero sin duda alguna, ahora se encontraba en el mejor lugar del mundo.
No tenía ni idea de la hora que podía ser, a cada peldaño que bajaba de la escalera con sus pies descalzos, podía oír con mayor claridad las voces de su hermano y de tía Moli en lo que parecía ser una conversación animada e interesante. Su pequeño corazón se aceleró al pensar que quizás tía Moli le estuviera preguntando al bobo de su hermano por el hombre misterioso, es decir el Mago, ahora tía Moli conocía la verdad.
-¡Buenos días mundo!, ¿Qué se cuece en la cocina?.... ¿Puede que huela a disculpas?- de este modo tan perspicaz hizo Angi su entrada para dirigirse hacia su hermano Joan, quien se encontraba ayudando a su tía Moli en la tarea de pelar unas patatas.
-¡Se acabó la paz!- exclamó Joan dirigiendo la mirada a su hermana al tiempo que con su cabeza hacia un gesto de negación.
-¿Se puede saber de que estabais hablando,?, ¡supongo que no sería de mi!- por su tono de voz, Angi parecía haber despertado esa mañana muy segura de si misma.
-¿Sabes que hora es?- preguntó tía Moli llenando una taza con leche. -Son mas de las once, hora de desayunar, no de hacer preguntas- y así es como hizo que la pequeña investigadora se dispusiera a desayunar.
Sentada en el centro de la mesa, mientras mojaba una magdalena en su taza de leche, Angi observaba en silencio a su tía, con que rapidez pelaba aquellas patatas que a modo de montaña se iban amontonando en un colador de acero inoxidable, al tiempo que le explicaba a Joan las bases del concurso.
-Creo que es una buena oportunidad para dar rienda suelta a ese talento que llevas dentro de ti, aprovecha las circunstancias, estás de vacaciones, en un entorno adecuado, y la temática del concurso va mucho con tus letras-. Angi prestaba mucha atención a cada palabra, ya que por dormilona se había perdido el principio de la conversación.
-Tía Moli, el problema es que no todos me ven de la misma manera que lo haces tú, tu crees en mi, y sinceramente creo que valoras mis letras mucho más de lo que son- Joan parecía tener sus dudas.
-¡Por supuesto que valoro todas y cada una de tus letras!, no puedes renunciar a lo que vive dentro de ti, un don no se niega, ni se rechaza, un don te hace especial, diferente, y ese don, esa manera que tienes de transmitir, de dar vida a la palabra escrita, eso mi querido niño es una manera de vivir, hazla tuya, te pertenece-.
Angi observaba en silencio cada gesto de su hermano, como asentía con la cabeza, escuchando con atención todo lo que tía Moli sabía tan bien decirle, siempre habían tenido una conexión muy especial, quizás fuera porque mamá pasó todos los veranos de su infancia en el campo, con tía Moli, y todos parecían coincidir en que Joan se parecía mucho a mamá, aunque sinceramente creo que eso sólo es un beneficio mas de ser el hermano mayor. Los pensamientos revoloteaban como mariposillas dentro de aquella cabecita, sacando sus propias conclusiones, entre magdalena y magdalena.
-¡Yo quiero participar!- las palabras de Angi sonaron fuertes y contundentes dentro de la cocina, haciendo que la conversación entre Joan y tía Moli cesara al instante.
-¡No te metas!- contestó con gran rapidez Joan. -Esto no es un concurso para niños pequeños-.
-Tengo 8 años, y cuando pase el verano cumpliré 9- Angi no tenia intención alguna de quedarse fuera de aquel concurso.
-Angi, cariño, se trata de un concurso literario, para mayores de 12 años, y todos sabemos que lo tuyo es pintar, si te parece bien, la próxima vez que me acerque al pueblo, puedo preguntar a la bibliotecaria si este verano se va a celebrar el concurso de dibujo-. Tía Moli intentaba serenar a la pequeña, desconociendo el motivo por el cual se había despertado con tanta energía aquella calurosa mañana del mes de agosto, era temprano para mediar en una pelea entre hermanos.
-¡Vale, pero si me apunto al concurso de dibujo... pienso ganar!- De este modo, Angi dio por finiquitado el concurso literario-.
-Piénsatelo Joan, el viernes finaliza el plazo de inscripción- Tía Moli no quería que su sobrino dejara pasar aquella oportunidad.
Pasadas las ocho de la tarde, Angi y Joan decidieron acercarse al lago para darse un chapuzón y de este modo llegar a la cena algo mas frescos, por supuesto bajo la supervisión de tío Thomas, quien aprovecharía el baño de los chicos para lanzar su sedal y probar suerte.
Joan y Angi se lo estaban pasando en grande, no paraban de tirarse a modo bomba, y eso parecía molestar a tío Thomas, pues decía que ningún pez en su sano juicio se acercaría a picar un jugoso gusano con semejante alboroto. Así que decidió soltar la caña de pescar y hacer caso a sus sobrinos, que no paraban en su empeño de que tío Thomas les acompañara en sus juegos de agua.
-¡Tronco al agua!- esas fueron las palabras de aviso antes de que tío Thomas saltara al lago.
-¡Me estoy meando!- Angi parecía tener una emergencia.
-¡No se te ocurra mearte dentro del lago- Una sola advertencia de Joan ante semejante guarrearía.
-¡No quiero ir hasta casa para hacer pis- exclamó Angi, que no le parecía tan mal hacerse un poco de pis dentro del agua, además el lago tenía vida propia y bajo aquellas aguas tan fresquitas los peces también se meaban.
-¡Haz una cosa, sal del lago, cualquiera de los árboles del bosque te servirán para hacer pis, eso si, no te alejes, recuerda que el primero que veas te vale- Tío Thomas resolvió el pequeño conflicto.
Angi salió del lago, se puso las zapatillas para no llenarse de tierra los pies, los árboles se encontraban a poca distancia del muelle, empezó a buscar un buen árbol para hacer la tarea que la había sacado del agua. Los árboles eran bastante robustos y anchos, para poder ver donde llegaban sus ultimas ramas había que levantar la mirada al cielo, pues estos parecía poder rozar algunas nubes a su paso, con precaución separaba algunos arbustos secos que arañaban sus piernas.
-Creo que este es un buen árbol, aquí podré hacer pis sin que nadie me vea, ni me moleste- Angi ya había tomado su decisión, mientras se encontraba en cuclillas y mirando de no mojar sus zapatillas, pues lo cierto era que tenía muchas ganas de hacer pis, y el “chorro” parecía no llegar a su fin.
Cuando se disponía a volver al lago, algo pareció llamar su atención, a pocos metros de donde se encontraba destacaba un grupo de árboles que se habrían paso sutilmente, meciendo sus ramas de un lado a otro, sus hojas eran de una tonalidad más suave que el resto de los árboles, parecía como si aquellas ramas se convirtieran en unos brazos maternales acariciando el aire, como si estuvieran en armonía con algún tipo de danza. Aquella imagen hizo que la pequeña quedara totalmente abstraída de su entorno, es como si todo a su alrededor hubiera desaparecido, sin saber muy bien cómo había conectado con la sintonía de aquellos árboles, era algo tan bello el contemplarlo que sus ojos podían llenarse de paz, sintiéndose liviana, tranquila, era una sensación muy agradable.
La pequeña empezó a caminar sorteando algunos matorrales y arbustos pequeños que crecían libremente en el bosque, escuchaba el canto de los pájaros que revoloteaban y saltaban a su antojo de una rama a otra. Tenía cuidado de no pisar algunas setas que se iba encontrando según se abría camino, como si se tratara de pequeñas alfombras, y en su mente una voz recorría su cabeza diciendo: el camino de las setas, seguro que me conduce a los árboles bailarines.
Después de andar unos pocos metros se encontró delante de aquel grupo de árboles majestuosos, parecían formar algún tipo de círculo, como si se hubieran hermanado por alguna extraña y desconocida razón.
-¡Que curiosa es la naturaleza!- sin darse cuenta Angi empezó a hablar sola, como si aquellos árboles pudieran escucharla.
-Este sitio es mágico, puede que las chicas del colegio presuman de sus vacaciones, pero yo por nada del mundo cambiaría este lugar-.
Se acercó a uno de aquellos árboles y con sus pequeños brazos lo rodeó fuertemente, por un instante aquellos inquietos y brillantes ojos se cerraron, tras una respiración profunda, en un intento de formar parte de aquel paraje tan bello y especial.
-¡Girasol, girasol!- el aire hizo que algunos mechones de su cabello mojado despejaran su cara, para poder escuchar aquella voz.
Aquellas palabras hicieron que la pequeña abriera sus ojos y contemplara el movimiento de aquellas ramas, de aquellas hojas que parecían estar pintadas por sus propias acuarelas.
-¡Girasol, girasol!- de nuevo el susurro de aquellas palabras hicieron que Angi retrocediera unos pasos para mover su cabeza de un lado a otro, en un intento de averiguar quien se encontraba cerca de ella.
Una ligera neblina hizo que todo quedará cubierto por una inmensa quietud, parecía salir de las mismas entrañas del suelo, se elevaba sigilosa cubriendo el bosque con un manto de silencio, los propios árboles que hasta entonces no cesaban en su danza, habían quedado quietos, mudos de toda música, ni siquiera se podía distinguir a ninguno de aquellos pajarillos que con su canto daban vida y color al bosque.
-¡Girasol, que haces aquí!- Una voz serena y profunda quedaba a sus espaldas. Dudó en girarse, no sabía muy bien como reaccionar, y fue en ese preciso momento cuando se acordó de tío Thomas y de su hermano que la esperaban en el lago.
Permanecía inmóvil, de pie, intentando pensar que hacer, echaba a correr, gritaba fuertemente, o simplemente esperaba a que la presencia de aquella persona despareciera..
Se armó de valor, y apretando fuertemente sus puños se giró poco a poco, despacito, moviendo sus pies con cuidado, intentando no hacer mucho ruido.
-¡Ahhhh, no me lo puedo creer, eres tú!- la voz de Angi sonó agitada, su corazón empezó a galopar dentro de su pequeño pecho.
-¡Eres el Mago, en carne y hueso!- la niña no podía dar crédito, a escasos tres metros se encontraba con la única persona que más deseaba ver en este mundo, si, era él... El Mago.
-¡Porque me buscas!- el Mago permanecía de pie, con sus largos cabellos y barba de color plata, en esta ocasión su cabeza iba vestida por un sombrero algo desgastado por el uso, parecía haber sido en otro tiempo de un verde botella. Su mano sujetaba un bastón fuerte, parecía estar hecho con las propias raíces de los árboles de aquel bosque, ramas entrelazadas entre sí, dando un aspecto de robustez y sencillez al mismo tiempo, era bello, bonito, sin duda era diferente a cualquier bastón, pues este tenía a modo de agarradero una preciosa piedra, Angi no entendía mucho de piedras, pero si sabia distinguir, y esa no era una piedra corriente.
-¡Quién!... ¿Yo?- Angi no entendió muy bien la pregunta del Mago.
-¡Si, tú!, has estado preguntando por mi- el Mago se reafirmaba con la intención de conocer la causa.
-Sólo he hablado de ti con tía Moli, es muy buena persona, y además ella siempre me cree, sabe que tu existes de verdad, que no es una de mis fantasías- Angi no quería disgustar al Mago e intentaba explicarle bien las cosas.
-¿Que es lo que quieres de mi?- Volvió a preguntar el Mago
-Quiero saber si conociste a mi madre, ¡dime, la conociste!- por alguna extraña razón aquella pregunta salió despedida de lo mas profundo de su ser, ni siquiera su boca había pedido permiso para ser pronunciada, pero una vez fuera, suspendida en el aire, aquella duda quedaba en las manos del Mago, él era quien debía de dar respuesta.
El Mago sin mediar palabra se acercó lentamente a la pequeña, sus pasos eran sigilosos de gran zancada, pues era un hombre de alta estatura, sus pies parecían acariciar el suelo, como si en vez de pisarlo, lo rozara levemente. Su atuendo era propio de un Mago, pues sus ropas estaban bien cuidadas y eso le diferenciaba de una persona ermitaña. A cada paso que daba, Angi esperaba con mayor inquietud su reacción, las mariposillas comenzaban de nuevo a revolotear por esa cabecita, cuestionando la situación con cada paso que acercaba a el Mago. ¿Realmente saciaría su sed de verdad? o ¿quizás no le estaba permitido cuestionar al Mago?, tal vez el Mago era la única persona con autoridad y sabiduría para realizar las preguntas.
El Mago se agachó quedando a la altura del rostro de la pequeña, con uno de sus largos dedos, retiró con cuidado un par de mechones rizados que descansaban en la cara de la niña, para poder acercarse y susurrarle al oído unas palabras que sinceramente no tenían mucho sentido para Angi, no reconocía el habla de aquellas palabras, desconocía su procedencia, Sólo podía intuir que tenían un efecto sedante, como un paño de agua fría en la frente cuando sube la temperatura.
Alzando su brazo derecho quedo al descubierto un tatuaje de lo que parecía una constelación de estrellas en una de sus manos, señalando con su dedo índice, hizo que la pequeña dirigiera su mirada hacia lo mas alto de la copa de aquel grupo de árboles. Los árboles lentamente comenzaron a mecer sus ramas, iniciando de nuevo su pequeña danza, las hojas caían como una fina lluvia de colores verdosos.
Angí estiró sus brazos en forma de cruz para recibir aquellas hojas que planeaban y hacían piruetas hasta tocar el suelo.
Sin saber cómo, Angi se encontraba cerrando el circulo de aquel grupo de árboles hermanados, con los dedos de una de sus manos rozaba la corteza del árbol que quedaba a su izquierda, mientras que a su derecha se cerraba el circulo con su mano entrelazada con la de aquel Mago, y el Mago apoyando la palma de su mano derecha en el árbol que se encontraba más cercano a él.
En el centro de aquel circulo comenzaron a alzarse en pequeños remolinos, aquellas hojas que apenas habían tocado el suelo, empezando a dar unas pinceladas con unas siluetas que iban a tomar forma.
Angi no salía de su asombro, permanencia en silencio, sintiéndose parte de todo. Las hojas dejaron de ser unas siluetas sin cuerpo, para convertirse en unas imágenes nítidas y muy bellas, aparecieron unos cervatillos dando pequeños saltos, jugueteando entre ellos, Angi no soltaba la mano del Mago. Los cervatillos se iban difuminado, y sus pequeñas siluetas se desdibujaban despojándose de aquellas hojas que les habían dado forma y vida. Angi reconoció en aquella niña la silueta de su madre, aparecía sonriente y feliz, y a cada paso que daba crecían girasoles que parecían mirar a Angi.
De repente unos gritos hicieron que la silueta de aquella niña se desvaneciera, formando un remolino de hojas que se elevó hasta lo más alto de las copas de aquellos árboles.
-¡Angi, Angi, donde estás!- las voces, por segundos se hacían mas fuertes y cercanas. Eran las voces de tío Thomas y de Joan, que parecían abrirse paso por el bosque.
En ese preciso instante Angi sintió como el Mago soltaba su mano, no dijo nada, se quedó mirando el tatuaje de su mano. Este cogió su bastón que había dejado apoyado en el tronco del árbol, y dando un golpe seco en el suelo, todo volvió a recobrar vida, la vida cotidiana del bosque, el canto de los pajarillos volvía a escucharse, el aire cesó por completo haciendo que los árboles quedarán inmóviles, adormecidos de todo movimiento.
-¡Ve al encuentro de las voces, tu familia te está buscando!- Con esas palabras el Mago apremiaba a Angi para que se reuniera con tío Thom y su hermano.
Angi empezó a caminar y al voltearse para poder despedirse del Mago, comprobó que se encontraba completamente sola, ¿cómo podía ser?, ¿pero por donde se había ido el Mago?, ¡ni si quiera un hasta pronto!. Era injusto, ¡otra vez no!, de manera inconsciente Angi gritó al cielo: -¡volveremos a vernos!-.
La muchacha aceleró el paso para llegar lo antes posible al lago y sobre todo para explicarle a tía Moli la visita inesperada de aquel ser misterioso, enigmático y que decir después de lo ocurrido... ¡Mágico!. No tardó mucho en encontrase con Joan y tío Thomas.
Continuará...
Ángeles Calvo Sánchez-Cid
(30 de Julio de 2020)
jueves, 23 de julio de 2020
SOÑARTE
Imagen bajada de la red
Acariciar tu rostro en este sueño mío,
Vacía mi alma de todo anhelo,
viernes, 3 de abril de 2020
AL FINAL DEL MUELLE
Continuará...
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Tomás Cortijo Pérez
http://tomascortijo.blogspot.com








