jueves, 30 de julio de 2020

AL FINAL DEL MUELLE - Capitulo 2 - EL CONCURSO-

    

       Imagen bajada de la red





Angi había dormido profundamente y además lo había hecho de un solo tirón. Ahora ya no debía de correr para vestirse y dejar su habitación recogida antes de bajar al comedor a desayunar, del mismo modo que lo hacían el resto de sus compañeras y alumnas del colegio femenino. Era curioso, ya que Angi había dado vacaciones al despertador, quedando mudo de vida, de horas, de minutos, dentro de aquellas paredes que durante algo más de nueve meses al año formaban parte de su día a día, de su educación, de su pequeña vida. Pero sin duda alguna, ahora se encontraba en el mejor lugar del mundo.


No tenía ni idea de la hora que podía ser, a cada peldaño que bajaba de la escalera con sus pies descalzos, podía oír con mayor claridad las voces de su hermano y de tía Moli en lo que parecía ser una conversación animada e interesante. Su pequeño corazón se aceleró al pensar que quizás tía Moli le estuviera preguntando al bobo de su hermano por el hombre misterioso, es decir el Mago, ahora tía Moli conocía la verdad.

-¡Buenos días mundo!, ¿Qué se cuece en la cocina?.... ¿Puede que huela a disculpas?- de este modo tan perspicaz hizo Angi su entrada para dirigirse hacia su hermano Joan, quien se encontraba ayudando a su tía Moli en la tarea de pelar unas patatas.

-¡Se acabó la paz!- exclamó Joan dirigiendo la mirada a su hermana al tiempo que con su cabeza hacia un gesto de negación.

-¿Se puede saber de que estabais hablando,?, ¡supongo que no sería de mi!- por su tono de voz, Angi parecía haber despertado esa mañana muy segura de si misma.

-¿Sabes que hora es?- preguntó tía Moli llenando una taza con leche. -Son mas de las once, hora de desayunar, no de hacer preguntas- y así es como hizo que la pequeña investigadora se dispusiera a desayunar.

Sentada en el centro de la mesa, mientras mojaba una magdalena en su taza de leche, Angi observaba en silencio a su tía, con que rapidez pelaba aquellas patatas que a modo de montaña se iban amontonando en un colador de acero inoxidable, al tiempo que le explicaba a Joan las bases del concurso.

-Creo que es una buena oportunidad para dar rienda suelta a ese talento que llevas dentro de ti, aprovecha las circunstancias, estás de vacaciones, en un entorno adecuado, y la temática del concurso va mucho con tus letras-. Angi prestaba mucha atención a cada palabra, ya que por dormilona se había perdido el principio de la conversación.

-Tía Moli, el problema es que no todos me ven de la misma manera que lo haces tú, tu crees en mi, y sinceramente creo que valoras mis letras mucho más de lo que son- Joan parecía tener sus dudas.

-¡Por supuesto que valoro todas y cada una de tus letras!, no puedes renunciar a lo que vive dentro de ti, un don no se niega, ni se rechaza, un don te hace especial, diferente, y ese don, esa manera que tienes de transmitir, de dar vida a la palabra escrita, eso mi querido niño es una manera de vivir, hazla tuya, te pertenece-.

Angi observaba en silencio cada gesto de su hermano, como asentía con la cabeza, escuchando con atención todo lo que tía Moli sabía tan bien decirle, siempre habían tenido una conexión muy especial, quizás fuera porque mamá pasó todos los veranos de su infancia en el campo, con tía Moli, y todos parecían coincidir en que Joan se parecía mucho a mamá, aunque sinceramente creo que eso sólo es un beneficio mas de ser el hermano mayor. Los pensamientos revoloteaban como mariposillas dentro de aquella cabecita, sacando sus propias conclusiones, entre magdalena y magdalena.

-¡Yo quiero participar!- las palabras de Angi sonaron fuertes y contundentes dentro de la cocina, haciendo que la conversación entre Joan y tía Moli cesara al instante.

No te metas!- contestó con gran rapidez Joan. -Esto no es un concurso para niños pequeños-.

-Tengo 8 años, y cuando pase el verano cumpliré 9- Angi no tenia intención alguna de quedarse fuera de aquel concurso.

-Angi, cariño, se trata de un concurso literario, para mayores de 12 años, y todos sabemos que lo tuyo es pintar, si te parece bien, la próxima vez que me acerque al pueblo, puedo preguntar a la bibliotecaria si este verano se va a celebrar el concurso de dibujo-. Tía Moli intentaba serenar a la pequeña, desconociendo el motivo por el cual se había despertado con tanta energía aquella calurosa mañana del mes de agosto, era temprano para mediar en una pelea entre hermanos.

-¡Vale, pero si me apunto al concurso de dibujo... pienso ganar!- De este modo, Angi dio por finiquitado el concurso literario-.

-Piénsatelo Joan, el viernes finaliza el plazo de inscripción- Tía Moli no quería que su sobrino dejara pasar aquella oportunidad.


Pasadas las ocho de la tarde, Angi y Joan decidieron acercarse al lago para darse un chapuzón y de este modo llegar a la cena algo mas frescos, por supuesto bajo la supervisión de tío Thomas, quien aprovecharía el baño de los chicos para lanzar su sedal y probar suerte.

Joan y Angi se lo estaban pasando en grande, no paraban de tirarse a modo bomba, y eso parecía molestar a tío Thomas, pues decía que ningún pez en su sano juicio se acercaría a picar un jugoso gusano con semejante alboroto. Así que decidió soltar la caña de pescar y hacer caso a sus sobrinos, que no paraban en su empeño de que tío Thomas les acompañara en sus juegos de agua.

-¡Tronco al agua!- esas fueron las palabras de aviso antes de que tío Thomas saltara al lago.

-¡Me estoy meando!- Angi parecía tener una emergencia.

-¡No se te ocurra mearte dentro del lago- Una sola advertencia de Joan ante semejante guarrearía.

-¡No quiero ir hasta casa para hacer pis- exclamó Angi, que no le parecía tan mal hacerse un poco de pis dentro del agua, además el lago tenía vida propia y bajo aquellas aguas tan fresquitas los peces también se meaban.

-¡Haz una cosa, sal del lago, cualquiera de los árboles del bosque te servirán para hacer pis, eso si, no te alejes, recuerda que el primero que veas te vale- Tío Thomas resolvió el pequeño conflicto.


Angi salió del lago, se puso las zapatillas para no llenarse de tierra los pies, los árboles se encontraban a poca distancia del muelle, empezó a buscar un buen árbol para hacer la tarea que la había sacado del agua. Los árboles eran bastante robustos y anchos, para poder ver donde llegaban sus ultimas ramas había que levantar la mirada al cielo, pues estos parecía poder rozar algunas nubes a su paso, con precaución separaba algunos arbustos secos que arañaban sus piernas.

-Creo que este es un buen árbol, aquí podré hacer pis sin que nadie me vea, ni me moleste- Angi ya había tomado su decisión, mientras se encontraba en cuclillas y mirando de no mojar sus zapatillas, pues lo cierto era que tenía muchas ganas de hacer pis, y el “chorro” parecía no llegar a su fin.

Cuando se disponía a volver al lago, algo pareció llamar su atención, a pocos metros de donde se encontraba destacaba un grupo de árboles que se habrían paso sutilmente, meciendo sus ramas de un lado a otro, sus hojas eran de una tonalidad más suave que el resto de los árboles, parecía como si aquellas ramas se convirtieran en unos brazos maternales acariciando el aire, como si estuvieran en armonía con algún tipo de danza. Aquella imagen hizo que la pequeña quedara totalmente abstraída de su entorno, es como si todo a su alrededor hubiera desaparecido, sin saber muy bien cómo había conectado con la sintonía de aquellos árboles, era algo tan bello el contemplarlo que sus ojos podían llenarse de paz, sintiéndose liviana, tranquila, era una sensación muy agradable.


La pequeña empezó a caminar sorteando algunos matorrales y arbustos pequeños que crecían libremente en el bosque, escuchaba el canto de los pájaros que revoloteaban y saltaban a su antojo de una rama a otra. Tenía cuidado de no pisar algunas setas que se iba encontrando según se abría camino, como si se tratara de pequeñas alfombras, y en su mente una voz recorría su cabeza diciendo: el camino de las setas, seguro que me conduce a los árboles bailarines.

Después de andar unos pocos metros se encontró delante de aquel grupo de árboles majestuosos, parecían formar algún tipo de círculo, como si se hubieran hermanado por alguna extraña y desconocida razón.

-¡Que curiosa es la naturaleza!- sin darse cuenta Angi empezó a hablar sola, como si aquellos árboles pudieran escucharla.

-Este sitio es mágico, puede que las chicas del colegio presuman de sus vacaciones, pero yo por nada del mundo cambiaría este lugar-.

Se acercó a uno de aquellos árboles y con sus pequeños brazos lo rodeó fuertemente, por un instante aquellos inquietos y brillantes ojos se cerraron, tras una respiración profunda, en un intento de formar parte de aquel paraje tan bello y especial.

-¡Girasol, girasol!- el aire hizo que algunos mechones de su cabello mojado despejaran su cara, para poder escuchar aquella voz.

Aquellas palabras hicieron que la pequeña abriera sus ojos y contemplara el movimiento de aquellas ramas, de aquellas hojas que parecían estar pintadas por sus propias acuarelas.

-¡Girasol, girasol!- de nuevo el susurro de aquellas palabras hicieron que Angi retrocediera unos pasos para mover su cabeza de un lado a otro, en un intento de averiguar quien se encontraba cerca de ella.

Una ligera neblina hizo que todo quedará cubierto por una inmensa quietud, parecía salir de las mismas entrañas del suelo, se elevaba sigilosa cubriendo el bosque con un manto de silencio, los propios árboles que hasta entonces no cesaban en su danza, habían quedado quietos, mudos de toda música, ni siquiera se podía distinguir a ninguno de aquellos pajarillos que con su canto daban vida y color al bosque.

-¡Girasol, que haces aquí!- Una voz serena y profunda quedaba a sus espaldas. Dudó en girarse, no sabía muy bien como reaccionar, y fue en ese preciso momento cuando se acordó de tío Thomas y de su hermano que la esperaban en el lago.

Permanecía inmóvil, de pie, intentando pensar que hacer, echaba a correr, gritaba fuertemente, o simplemente esperaba a que la presencia de aquella persona despareciera..

Se armó de valor, y apretando fuertemente sus puños se giró poco a poco, despacito, moviendo sus pies con cuidado, intentando no hacer mucho ruido.

-¡Ahhhh, no me lo puedo creer, eres tú!- la voz de Angi sonó agitada, su corazón empezó a galopar dentro de su pequeño pecho.

-¡Eres el Mago, en carne y hueso!- la niña no podía dar crédito, a escasos tres metros se encontraba con la única persona que más deseaba ver en este mundo, si, era él... El Mago.

-¡Porque me buscas!- el Mago permanecía de pie, con sus largos cabellos y barba de color plata, en esta ocasión su cabeza iba vestida por un sombrero algo desgastado por el uso, parecía haber sido en otro tiempo de un verde botella. Su mano sujetaba un bastón fuerte, parecía estar hecho con las propias raíces de los árboles de aquel bosque, ramas entrelazadas entre sí, dando un aspecto de robustez y sencillez al mismo tiempo, era bello, bonito, sin duda era diferente a cualquier bastón, pues este tenía a modo de agarradero una preciosa piedra, Angi no entendía mucho de piedras, pero si sabia distinguir, y esa no era una piedra corriente.

-¡Quién!... ¿Yo?- Angi no entendió muy bien la pregunta del Mago.

-¡Si, tú!, has estado preguntando por mi- el Mago se reafirmaba con la intención de conocer la causa.

-Sólo he hablado de ti con tía Moli, es muy buena persona, y además ella siempre me cree, sabe que tu existes de verdad, que no es una de mis fantasías- Angi no quería disgustar al Mago e intentaba explicarle bien las cosas.

-¿Que es lo que quieres de mi?- Volvió a preguntar el Mago

-Quiero saber si conociste a mi madre, ¡dime, la conociste!- por alguna extraña razón aquella pregunta salió despedida de lo mas profundo de su ser, ni siquiera su boca había pedido permiso para ser pronunciada, pero una vez fuera, suspendida en el aire, aquella duda quedaba en las manos del Mago, él era quien debía de dar respuesta.


El Mago sin mediar palabra se acercó lentamente a la pequeña, sus pasos eran sigilosos de gran zancada, pues era un hombre de alta estatura, sus pies parecían acariciar el suelo, como si en vez de pisarlo, lo rozara levemente. Su atuendo era propio de un Mago, pues sus ropas estaban bien cuidadas y eso le diferenciaba de una persona ermitaña. A cada paso que daba, Angi esperaba con mayor inquietud su reacción, las mariposillas comenzaban de nuevo a revolotear por esa cabecita, cuestionando la situación con cada paso que acercaba a el Mago. ¿Realmente saciaría su sed de verdad? o ¿quizás no le estaba permitido cuestionar al Mago?, tal vez el Mago era la única persona con autoridad y sabiduría para realizar las preguntas.


El Mago se agachó quedando a la altura del rostro de la pequeña, con uno de sus largos dedos, retiró con cuidado un par de mechones rizados que descansaban en la cara de la niña, para poder acercarse y susurrarle al oído unas palabras que sinceramente no tenían mucho sentido para Angi, no reconocía el habla de aquellas palabras, desconocía su procedencia, Sólo podía intuir que tenían un efecto sedante, como un paño de agua fría en la frente cuando sube la temperatura.

Alzando su brazo derecho quedo al descubierto un tatuaje de lo que parecía una constelación de estrellas en una de sus manos, señalando con su dedo índice, hizo que la pequeña dirigiera su mirada hacia lo mas alto de la copa de aquel grupo de árboles. Los árboles lentamente comenzaron a mecer sus ramas, iniciando de nuevo su pequeña danza, las hojas caían como una fina lluvia de colores verdosos.

Angí estiró sus brazos en forma de cruz para recibir aquellas hojas que planeaban y hacían piruetas hasta tocar el suelo.

Sin saber cómo, Angi se encontraba cerrando el circulo de aquel grupo de árboles hermanados, con los dedos de una de sus manos rozaba la corteza del árbol que quedaba a su izquierda, mientras que a su derecha se cerraba el circulo con su mano entrelazada con la de aquel Mago, y el Mago apoyando la palma de su mano derecha en el árbol que se encontraba más cercano a él.

En el centro de aquel circulo comenzaron a alzarse en pequeños remolinos, aquellas hojas que apenas habían tocado el suelo, empezando a dar unas pinceladas con unas siluetas que iban a tomar forma.

Angi no salía de su asombro, permanencia en silencio, sintiéndose parte de todo. Las hojas dejaron de ser unas siluetas sin cuerpo, para convertirse en unas imágenes nítidas y muy bellas, aparecieron unos cervatillos dando pequeños saltos, jugueteando entre ellos, Angi no soltaba la mano del Mago. Los cervatillos se iban difuminado, y sus pequeñas siluetas se desdibujaban despojándose de aquellas hojas que les habían dado forma y vida. Angi reconoció en aquella niña la silueta de su madre, aparecía sonriente y feliz, y a cada paso que daba crecían girasoles que parecían mirar a Angi.

De repente unos gritos hicieron que la silueta de aquella niña se desvaneciera, formando un remolino de hojas que se elevó hasta lo más alto de las copas de aquellos árboles.

-¡Angi, Angi, donde estás!- las voces, por segundos se hacían mas fuertes y cercanas. Eran las voces de tío Thomas y de Joan, que parecían abrirse paso por el bosque.

En ese preciso instante Angi sintió como el Mago soltaba su mano, no dijo nada, se quedó mirando el tatuaje de su mano. Este cogió su bastón que había dejado apoyado en el tronco del árbol, y dando un golpe seco en el suelo, todo volvió a recobrar vida, la vida cotidiana del bosque, el canto de los pajarillos volvía a escucharse, el aire cesó por completo haciendo que los árboles quedarán inmóviles, adormecidos de todo movimiento.

-¡Ve al encuentro de las voces, tu familia te está buscando!- Con esas palabras el Mago apremiaba a Angi para que se reuniera con tío Thom y su hermano.


Angi empezó a caminar y al voltearse para poder despedirse del Mago, comprobó que se encontraba completamente sola, ¿cómo podía ser?, ¿pero por donde se había ido el Mago?, ¡ni si quiera un hasta pronto!. Era injusto, ¡otra vez no!, de manera inconsciente Angi gritó al cielo: -¡volveremos a vernos!-.

La muchacha aceleró el paso para llegar lo antes posible al lago y sobre todo para explicarle a tía Moli la visita inesperada de aquel ser misterioso, enigmático y que decir después de lo ocurrido... ¡Mágico!. No tardó mucho en encontrase con Joan y tío Thomas.



Continuará...




Ángeles Calvo Sánchez-Cid

(30 de Julio de 2020)




jueves, 23 de julio de 2020

SOÑARTE



Imagen bajada de la red


Sueño porque quiero soñarte, pues ese es mi deseo,
en la calurosa noche despojarte de mi mente,
dejando la ventana abierta de mi pecho.

Acariciar tu rostro en este sueño mío, 
ser aliento suave que envuelve tus brazos en un susurro,
dejando a tu paso las palabras vencidas en el suelo.

Vacía mi alma de todo anhelo, 
duerme a la sombra con la luz del alba,
pues soñarte quiero y ese es mi deseo. 




Ángeles Calvo Sánchez-Cid
(22 de Julio de 2020)