lunes, 21 de septiembre de 2020

EN BLANCO Y NEGRO

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A veces mi mente se distrae en cuestiones existenciales que se escapan al entendimiento, que huyen de ser enmarcadas y expuestas en alguna galería, aguardando a oscuras a que pase la noche para renacer en la admiración de los ojos que la vestirán con la apertura de sus puertas.

Mi mente imagina el color de las cosas no materiales, la belleza y la sensibilidad de lo incorpóreo, se dice que el alma pesa 21 gramos, ¿en cada beso que damos van esos 21 gramos?, ¡a caso la pasión puede cuantificarse!. Cómo se mide el calor de unos brazos que rodean tu cuerpo, la cantidad de aire que se escapa tras un suspiro. 

Me enamora lo sencillo, lo bello, lo natural, lo que sale de dentro, sentir en el pecho la grandeza de un amanecer, el lenguaje mudo de unas manos entrelazadas, unos ojos que me buscan, me encuentran y me atrapan.

Un sentimiento en blanco y negro, el rojo de la sangre que recorre por tus venas, escuchar el latido de tu propio corazón acelerándose cuando el sentimiento se vuelve color.

¡Qué somos, porqué somos, para quién somos!, porque muero si no respiro, si inspiró y expiro en cada soplo de vida. Mis sentidos se vuelven expertos matemáticos en cada ecuación, en cada posibilidad de poder ser.

Mi mente piensa, mi corazón siente y mi alma respira...

¡Reflexiones en blanco y negro!.

Ángeles Calvo Sánchez-Cid 
(20 de septiembre de 2020) 



viernes, 11 de septiembre de 2020

EL ULTIMO RAYO DE LUZ

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Un rayo de luz se coló de manera inadvertida, quería acomodarse en aquel mechón de su flequillo, aprovechó la caricia de la brisa en una última tarde de verano, para entrelazarse y juguetear en aquellas espesas y negras pestañas. Ella seguía pensativa, entre papeles y libros se perdían sus ojos, parecían navegar, sumergirse y al mismo tiempo flotar entre notas de tinta seca. 

El rayo de luz tímidamente se dejó caer por su mejilla, maquillando su rostro con una suave y sutil estela de luz, haciendo que ella se viera aun más bella y delicada.
Sin levantar el ancla de sus ojos, seguía absorta, entre teorías, fórmulas y posibles resultados, con uno de sus dedos acarició su mejilla de manera espontánea, como si hubiera advertido la presencia de aquel furtivo rayo de luz.

La yema de su dedo en contacto con su rostro hizo que aquel rayo de luz se fuera apagando según caía por el laberinto de su huella dactilar, podía sentir miedo, exaltación, dicha y gozo... ¡Que otra cosa podía ser que amor!

Así que decidió vestirse de fino hilo dorado, quería cumplir su deseo antes de que se escondiera el sol, verse reflejado en las pupilas de aquellos ojos verdes, verde esperanza. Su luz se hacía más tenue, se iba apagando en la última tarde de verano, verde eran sus ojos, verde la esperanza de saber que volvería con el primer rayo de sol a enredarse en sus pestañas.

Ángeles Calvo Sánchez-Cid
(10 de septiembre de 2020) 

P.D. Dedicado a mi Alma Gemela


miércoles, 2 de septiembre de 2020

GOTAS DE MAR

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Dejé que mi cuerpo flotara libre, liviano, en el agua del mar, sus olas hacían de remo en la embarcación de mi cuerpo, elevé las anclas de mi mirar, y contemplar aquel azul infinito del cielo hacía que mi alma rozara furtivamente el paraiso...


Ángeles Calvo Sánchez-Cid
(1 de septiembre de 2020)