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Todo
comenzó en una noche de verano, recién llegados de la ciudad. Se
trataba de una noche más del mes de agosto, calurosa como era lo
habitual en la pequeña localidad de Girnalcam.
Fuera todo permanecía en una inmensa quietud, la noche caía como un manto
grande, oscuro y absoluto. El sonido de sus pasos corriendo a toda
velocidad por alcanzar el final del muelle, se abría como una brecha
de risas y vida fresca entre toda aquella calma, al tiempo que el
aire calentón acariciaba sus rostros. Con sus cuerpos tumbados en
aquel suelo de madera, sus pechos parecían sosegar poco a poco,
calmando de este modo sus respiraciones, la carrera por alcanzar el
lago había sido alocada, y aunque Joan era unos años mayor que su
hermana, Angi era una verdadera atleta cuando se trataba de correr,
sus piernas parecían convertirse en las aspas de un molino gigante
cortando el aire a su paso.
Habían
llegado a casa de tía Moli a media tarde, justo para soltar sus
maletas y sentarse a merendar. El tío Thomas era el mejor cocinero
de tortitas de la gran charca, de este modo era como el tío Thomas
se refería al gran lago. Desde que Joan tuviera uso de razón, es
decir más o menos a partir de los 4 años, recordaba como se había
ganado tío Thomas ese título. Quedaba sobradamente reconocido que
aquellas tortillas bañadas con la miel de los panales de tía Moli,
le daban el toque dulce, perfecto e incomparable. No existían
mejores tortitas en toda la "charca".
Tío
Thomas tenía un pequeño ritual, sin duda divertido, pero que debía
de llevarse a cabo con toda seriedad, cumpliendo el protocolo.
Joan
y Angi aguardaban sentados en la gran mesa de madera de la cocina, en
cuanto tío Thomas se acercaba con la bandeja de tortitas los
pequeños debían de ponerse en pie y a continuación en un tono de
voz alto y claro Joan comenzaba el ritual que se le había asignado a
corta edad al recitar la famosa frase: "Si el cielo quieres
tocar, las tortitas de tío Thom has de probar", para acto
seguido saborear aquel manjar tan exquisito.
Bajo
sus cuerpos reposaba la vieja madera del muelle, el cielo se
presentaba ante ellos raso, dejando al descubierto aquella estrella,
la misma que les acompañaría en aquellas semanas que iban a estar de
vacaciones. La estrella del Alba era más luminosa que el resto de
estrellas, en sus ojos parecía poder reflejarse aquel brillo tan
especial, mientras sus mentes se abandonaban a la quietud de la
noche, sus pensamientos iban y venían con el canto de aquellos
grillos que resultaban ser incansables en su tarea. Sus miradas se
perdían en aquel infinito cielo, desde luego que en la ciudad no se
veían tan bien las estrellas, parecían tan enigmáticas y a la vez
tan bonitas, que el estirar el brazo intentando alcanzar una de
ellas, era algo habitual y sobre todo un gesto involuntario.
-Joan...
¿Las estrellas se mueren?- , la pregunta de Angi rompió el silencio
entre los hermanos.
-Si
las consideramos un ente vivo, ¡claro que si!- esa fue la respuesta
de Joan que era un chico muy inteligente a los ojos de su hermana
pequeña de 8 años.
-¿Un
ente?... Angi se incorporó quedándose sentada y así de este modo
poder replicar una respuesta algo más entendible.
-Me
refiero que si consideramos a una estrella como un ser vivo, entonces
podría decirte que nada más nacer lo hace con su primer resplandor,
y después de muchos años, mucho tiempo viajando en el universo, su
luz se va atenuando poco a poco hasta apagarse por completo- de ese
modo Joan contestaba a su hermana.
-¡Te
refieres a que las estrellas si se mueren!-, insistía Angi -Es ley
de vida- añadió Joan en un tono condescendiente.
-¡Pero
yo no me quiero morir!- exclamó Angi algo agitada.
Joan
incorporándose del suelo del viejo muelle le tendió a su hermana la
mano para añadir: -Si de algo estoy seguro es de que las chicas que
hacen muchas preguntas viven muchos años, anda vamos a casa antes de
que salga tía Moli a por nosotros-.
Que
bien se descansaba rodeado de naturaleza, que gran idea la de los
tíos de elegir un lugar tan especial donde construir su hogar, todo
resultaba mejor, más sencillo, y era imposible no levantarse con una
sonrisa en los labios, y desde luego con mucha energía. Y aunque
sólo se tratase de la primera noche, el cuerpo y la mente lo sabían,
empezaban a notar los cambios. Los pequeños huéspedes se sentían
más tranquilos, más relajados y sobre todo se sentían libres, muy
libres, libres de horarios, libres del uniforme, libres para hacer
ruido, libres de entrar y salir, les esperaban dos semanas
fantásticas, se encontraban en el mejor hogar del mundo, hasta la
casa tenía un olor especial.
Las
últimas semanas habían resultado algo complicadas, por no decir
difíciles.
Angi
bajó corriendo las escaleras con sus pies descalzos y su pelo rubio
alborotado, en el Colegio donde cursaba sus estudios, debía de
llevar su pelo bien peinado y debidamente recogido, se trataba de un
colegio interno sólo para chicas. Con su voz alegre hizo saber a
todos que ya se había despertado con un: -¡Buenos días Mundo!-.
-¡Buenos
días mi pequeño sol,! ¿has dormido bien?-. Tío Thomas se
encontraba de pie frente a la ventana tomando una taza de café, el
café era la gasolina que hacia funcionar su corazón, bueno... eso
era lo que siempre le decía a tía Moli cuando ésta le regañaba
por tomar demasiado café. Apartando la vista de aquella ventana, se
dirigió al centro de la cocina para pedirle a Angi un beso de buenos
días. -¡No te habrás olvidado de endulzarme el café!- y de este
modo Angi le daba un besito muy dulce de buenos días.
Joan
entró acompañado de tía Moli, habían salido a coger unas flores
para adornar la mesa de la cocina. -Anda mi chico, llena el jarrón
con un poco de agua, que vamos a poner un poco de color a este nuevo
día-. El sonido de la voz de tía Moli, era muy dulce, incluso en
algunas ocasiones, sus palabras parecían curar los raspones de las
rodillas.
-Tengo
que acercarme al pueblo a comprar unas piezas para el pozo, ¿algún
voluntario que quiera acompañarme?.- Esas palabras hicieron que Angi
empezara a dar saltos y a gritar toda entusiasmada: -yo, yo, yo, yo
me apunto- Angi era especialista en asesinar cualquier rato de
silencio.
-Con
una condición, que os encargáis de coger las cosas de la lista de
vuestra tía- Era una buena manera de cerrar el trato.
Joan
se encargó de coger la lista, y como era un chico muy previsor y
sobre todo el hermano mayor le dijo a su hermana que cogiera su
sombrero, ya que el sol era fuerte.
Angi
empezó a dar vueltas por los pasillos del supermercado, intentando
encontrar alguna de las cosas de tía Moli, se detuvo frente a una
estantería y repasando con su vista cada uno de los estantes,
descubrió que la botella de agua oxigenada se encontraba en uno de
las estantes más altos, en un intento por alcanzar la botella, se
puso de puntillas, tan sólo unos pocos centímetros separaban sus
dedos de aquella pequeña botella, estaba muy concentrada, quería
esa botella, las puntas de sus pies empezaban a dolerle, pues sus
sandalias plateadas dejaban al aire libre sus dedos, se detuvo unos
segundos en su empeño, soplando los mechones de su pelo dorado que
caían sobre sus ojos y se acercaban a sus labios.
-Toma
pequeña, si esto es lo que quieres- Angi se quedó fascinada ante la
imagen que tenía a su lado, parecía haber salido de alguna de las
historias que tía Moli les contaba en las tardes de tormenta. -Si,
si, es lo que quiero- esas fueron las palabras que en un tono de voz
bajo, casi mudo salieron de la garganta de la pequeña.
-¿Que
haces ahí parada?, venga Angi que tío Thom nos espera en la caja-
las palabras de Joan que se encontraba al otro extremo del pasillo,
sonaron altas y contundentes, e hicieron de este modo que Angi
empezara a correr para llegar justo a tiempo de dar a la cajera la
botella de agua oxigenada.
-Venga
chicos, despediros que nos vamos-, tío Thomas cargó con un par de
bolsas y haciendo un gesto con su cabeza, indicó a los chicos que
salieran del supermercado.
-Pero
tío Thom necesito un segundo, debo de darle las gracias al mago- La
voz de la pequeña parecía suplicar unos segundos más de tiempo.
-¿Mago,
pero de que mago hablas?- Joan parecía no entender nada. -Si, el
mago del pasillo, el del estante del agua oxigenada, el que estaba a
mi lado, ¿es que tu no le has visto?- insistió Angi, haciendo que
su hermano recordara a esa persona tan... si, tan diferente que la
había ayudado.
-¡Pero
de qué hablas, es una de tus bromas, porque este no es el lugar ni
el momento- Joan tuvo que llamar la atención a su hermana, su tío
esperaba con las bolsas.
Angi
echó a correr hasta alcanzar el pasillo, se detuvo mirando a un lado
y a otro, no podía encontrar al mago, y empezaba a ponerse nerviosa
no quería irse sin despedirse de él.
-¡Venga
hombre, ya te vale, pero a ti que te pasa!, nos vamos a casa contigo
o sin ti, tu decides-. Cogiendo el brazo de Angi, su hermano hizo que
ésta saliera del supermercado, tío Thom esperaba dentro de la
furgoneta.
Durante
el trayecto de vuelta a casa Angi no dejaba de pensar en aquel hombre
que había aparecido justo cuando más lo necesitaba, era muy
misterioso, pero como diría tía Moli “persona de buena energía”.
Allí sentado a su lado se encontraba el incrédulo de su hermano,
mientras sus pensamientos le recordaban lo injusto que resultaba a
veces ser la hermana pequeña. Siempre se pregunta al hermano mayor
cuando se trata de cuestionar algo, o de aclarar los acontecimientos.
Pero allí estaba ella con su melena suelta, y su cabeza recostada
en la ventanilla de la furgoneta, viendo pasar el paisaje como si se
tratase de una película de cine mudo, pensó que su tía si que la
escucharía, tenía una pequeña posibilidad de averiguar la
identidad del mago, por que en Girnalcam todos se conocían.
Después
de cenar Angi se ofreció voluntaria para sacar la basura, y con una
de sus pícaras sonrisas le lanzó “el guante” a su tía. -Tía
Moli me acompañas a deshacerme de este pesado tesoro, debo encontrar
una buena cueva donde poder ocultarlo- sabía que a tía Moli le
encantaban las personas con un buen sentido del humor y sobre todo no
escasas en imaginación.
En
un tono de voz semejante al de un pirata tía Moli respondió:
-Tratándose de semejante tesoro, no me queda otra que ayudarte en
tarea tan crucial-.
Ambas
sonrieron al mismo tiempo y tomando el camino se alejaron, dejando a
sus espaldas el porche de la casa.
Mientras
caminaban por el camino Angi empezó la conversación. -Tía Moli,
¿no crees que este lugar es misterioso?-.
-¿Misterioso?,
bueno si te refieres a que la naturaleza es bella y a veces se
presenta ante nuestros ojos misteriosa en su creación, en el ciclo
de vida, en saber cómo y porqué cada rama, cada flor, cada arbusto
sabe donde crecer, donde florecer, donde dar sombra, ¡Pues sí mi
pequeño sol, es un gran misterio!-.
-Entonces
se podría decir... que en un lugar así, no sería de extrañar que
también habitará algún mago... ¿no crees tía Moli?-Angi llevaba
su plan con mucha astucia, no podía terminar la noche sin averiguar
la identidad de aquel hombre mágico.
-Ja,ja,ja-
la carcajada de tía Moli fue instantánea, y acariciando aquella
pequeña cabeza se detuvo mirando fijamente aquellos ojos brillantes
y llenos de curiosidad.
-¿Que
es lo que te preocupa?, ¡que ronda por esa cabecita!- pregunto tía
Moli en un intento de averiguar lo que pasaba.
-Me
refiero, que si una persona ve con sus propios ojos, claro con unos
ojos... que estén bien, que sean normales, vamos que vean las cosas
como son en la realidad, pues eso significa que lo que ve esa persona
es verdad, sin importar la edad que tenga, y sobre todo si sus ojos
son los únicos que lo han visto-. Así es como Angi exponía los
echos ante la atenta mirada de su tía.
-¿Qué
has visto Angi?-. Tía Moli preguntó sin andarse con rodeos.
-Esta
mañana en el supermercado he visto a una persona algo diferente, me
refiero que no iba vestido como los demás-
-¿A
que te refieres con eso de que no vestía como los demás?- preguntó
tía Moli que empezaba a sentir cierta curiosidad.
-Pues,
que su aspecto era diferente, llevaba como un camisón de ropa gruesa
con capucha, y tenía el pelo más largo que yo, y la verdad tía
Moli estamos hablando de un hombre mayor, no es muy normal que
digamos, tío Thom no se viste así, aunque este hombre era más
mayor que el tío, como si fuera un abuelo de larga melena y espesa
barba de color canoso-.
-Angi,
¿sabes una cosa? Me están entrando ganas de conocer a esa persona
tan misteriosa. ¿En que momento te has cruzado con él?-. Tía Moli
quería descubrir donde conduciría aquella conversación, en la
noche, por el camino que las llevaría a la carretera, siendo las
estrellas confidentes de cada palabra.
-Ha
sido esta mañana, en el pueblo cuando hemos ido a comprar las cosas
de tu lista, yo estaba intentando alcanzar la botella blanca, la del
agua oxigenada, cuando apareció a mi lado y extendiendo su largo
brazo me la dio-.
-Es
muy curioso todo lo que me estás contando, ¡cómo es que nadie me
ha dicho nada!-. Replicó tía Moli.
-Es
muy sencillo, por que yo he sido la única persona que lo ha visto en
el supermercado, y cuando he querido ir a darle las gracias ya no
estaba, había desaparecido-.
-¿Porqué
no le has pedido a tu tío que te ayudara a buscarle?, sabes que
puedes acudir, bueno mejor dicho debes acudir a nosotros siempre que
nos necesites-. Esas fueron las palabras de tía Moli que empezaba a
sentir cierta intriga.
-Pues
por lo de siempre, mi hermano me ha regañado por hacer esperar a la
cajera, además no se ha creído nada de lo que le he contado,
incluso se querían ir sin mi-. Las palabras de la pequeña sonaban a
desánimo.
-Pero
lo más curioso tía Moli, es que yo sentía dentro de mi pecho que
era una persona cercana, buena, es como si él me conociera, cuando
se acercó a mí olía al bosque, el de los arboles altos, el que
está más allá de las moreras, además... quieres que te confiese
una cosa, pero en plan secreto, ¿vale?- Angi se sentía tranquila,
sabía que podía confiar en su tía, en cierto modo tía Moli
siempre entendía las cosas y sabía las injusticias que se hacían
con los hermanos pequeños, ya que ella había sido la hermana menor
de cinco hermanos, además todos chicos.
Angi
le hizo un gesto con la mano a su tía para que se agachara y poder
decirle al oído su secreto, tía Moli se inclinó para escuchar
aquellas palabras que tan bien guardaba Angi.
-Girasol,
el hombre mago al darme la botella me miró a los ojos y me dijo
girasol, así es como me llamaba mamá, era nuestra palabra mágica,
cuando algo nos gustaba mucho o nos daba mucha alegría... siempre
decíamos girasol, porque el amarillo era nuestro color preferido, y
mamá siempre decía que el girasol era amarillo y siempre se
orientaba al sol, y el sol también es amarillo, yo era su pequeño
girasol y ella era el sol-.
-Vaya
eso sí que es muy sorprendente mi quería Angi, quizás el mago lo
que quería decirte es que mamá sabe lo mucho que te acuerdas de
ella, y que no quiere que estés triste, es normal que la eches de
menos. Todos los que tuvimos la suerte de conocer a tu madre sabíamos
que era una persona muy especial y lo más importante en su vida
erais Joan y tú, tu madre se hacía querer, yo también la echo
mucho de menos-. En esos momentos Angi se abrazó muy fuerte a su tía
Moli, ya habían pasado dos años de la muerte de su madre y dentro
de su corazón seguía doliendo su ausencia.
-Anda
sujétame la bolsa de basura mientras yo levanto la tapa del
contenedor, no creo que nadie se atreva a buscar nuestro tesoro aquí
dentro-. Y con una acertada voz de pirata tía Moli le dijo a su
pequeña corsario: “volvamos al barco antes que la tripulación
leve las anclas”-.
Aquella
noche le costó quedarse dormida a Angi, estaba en la cama con la
ventana abierta contemplando aquel cielo, aquella estrella, el lucero
del Alba parecía estar mirándola fijamente, no podía dejar de
pensar en el mago y en las palabras de tía Moli Se planteaba con
cierta lógica todo lo sucedido, hablar con tía Moli sin duda había
sido una buena idea, liberarse de su secreto. Pero tras la
confidencia se habían abierto muchos interrogantes, uno tras de
otro, como si se tratase de una fila ordenada de hormigas al lado del
sendero, ¿habría conocido el mago a su madre?, ¿Volvería a
verlo?, ¿Estarían destinados a conocerse?, ¿Ocultaría algún
secreto aquel hombre misterioso?.
Al
final el sueño pesaba en aquellas pestañas rubias haciendo que sus
parpados se cerraran lentamente hasta conciliar el sueño, pero antes
de entregarse a los brazos de Morfeo, un murmullo entre sus labios:
“mañana será otro día” mientras en su mente la idea de buscar
respuestas a todos aquellos interrogantes parecían alejarse como el
eco de su voz en la montaña.
Continuará...
Continuará...
Relato
escrito por:
Ángeles
Calvo Sánchez-Cid
http://arquerazen.blogspot.com
Tomás Cortijo Pérez
http://tomascortijo.blogspot.com
http://arquerazen.blogspot.com
Tomás Cortijo Pérez
http://tomascortijo.blogspot.com
(1
de abril de 2020)
