viernes, 3 de abril de 2020

AL FINAL DEL MUELLE


            imagen bajada de la red







Todo comenzó en una noche de verano, recién llegados de la ciudad. Se trataba de una noche más del mes de agosto, calurosa como era lo habitual en la pequeña localidad de Girnalcam.

Fuera todo permanecía en una inmensa quietud, la noche caía como un manto grande, oscuro y absoluto. El sonido de sus pasos corriendo a toda velocidad por alcanzar el final del muelle, se abría como una brecha de risas y vida fresca entre toda aquella calma, al tiempo que el aire calentón acariciaba sus rostros. Con sus cuerpos tumbados en aquel suelo de madera, sus pechos parecían sosegar poco a poco, calmando de este modo sus respiraciones, la carrera por alcanzar el lago había sido alocada, y aunque Joan era unos años mayor que su hermana, Angi era una verdadera atleta cuando se trataba de correr, sus piernas parecían convertirse en las aspas de un molino gigante cortando el aire a su paso.


Habían llegado a casa de tía Moli a media tarde, justo para soltar sus maletas y sentarse a merendar. El tío Thomas era el mejor cocinero de tortitas de la gran charca, de este modo era como el tío Thomas se refería al gran lago. Desde que Joan tuviera uso de razón, es decir más o menos a partir de los 4 años, recordaba como se había ganado tío Thomas ese título. Quedaba sobradamente reconocido que aquellas tortillas bañadas con la miel de los panales de tía Moli, le daban el toque dulce, perfecto e incomparable. No existían mejores tortitas en toda la "charca".
Tío Thomas tenía un pequeño ritual, sin duda divertido, pero que debía de llevarse a cabo con toda seriedad, cumpliendo el protocolo.
Joan y Angi aguardaban sentados en la gran mesa de madera de la cocina, en cuanto tío Thomas se acercaba con la bandeja de tortitas los pequeños debían de ponerse en pie y a continuación en un tono de voz alto y claro Joan comenzaba el ritual que se le había asignado a corta edad al recitar la famosa frase: "Si el cielo quieres tocar, las tortitas de tío Thom has de probar", para acto seguido saborear aquel manjar tan exquisito.

Bajo sus cuerpos reposaba la vieja madera del muelle, el cielo se presentaba ante ellos raso, dejando al descubierto aquella estrella, la misma que les acompañaría en aquellas semanas que iban a estar de vacaciones. La estrella del Alba era más luminosa que el resto de estrellas, en sus ojos parecía poder reflejarse aquel brillo tan especial, mientras sus mentes se abandonaban a la quietud de la noche, sus pensamientos iban y venían con el canto de aquellos grillos que resultaban ser incansables en su tarea. Sus miradas se perdían en aquel infinito cielo, desde luego que en la ciudad no se veían tan bien las estrellas, parecían tan enigmáticas y a la vez tan bonitas, que el estirar el brazo intentando alcanzar una de ellas, era algo habitual y sobre todo un gesto involuntario.
-Joan... ¿Las estrellas se mueren?- , la pregunta de Angi rompió el silencio entre los hermanos.
-Si las consideramos un ente vivo, ¡claro que si!- esa fue la respuesta de Joan que era un chico muy inteligente a los ojos de su hermana pequeña de 8 años.
-¿Un ente?... Angi se incorporó quedándose sentada y así de este modo poder replicar una respuesta algo más entendible.
-Me refiero que si consideramos a una estrella como un ser vivo, entonces podría decirte que nada más nacer lo hace con su primer resplandor, y después de muchos años, mucho tiempo viajando en el universo, su luz se va atenuando poco a poco hasta apagarse por completo- de ese modo Joan contestaba a su hermana.
-¡Te refieres a que las estrellas si se mueren!-, insistía Angi -Es ley de vida- añadió Joan en un tono condescendiente.
-¡Pero yo no me quiero morir!- exclamó Angi algo agitada.
Joan incorporándose del suelo del viejo muelle le tendió a su hermana la mano para añadir: -Si de algo estoy seguro es de que las chicas que hacen muchas preguntas viven muchos años, anda vamos a casa antes de que salga tía Moli a por nosotros-.

Que bien se descansaba rodeado de naturaleza, que gran idea la de los tíos de elegir un lugar tan especial donde construir su hogar, todo resultaba mejor, más sencillo, y era imposible no levantarse con una sonrisa en los labios, y desde luego con mucha energía. Y aunque sólo se tratase de la primera noche, el cuerpo y la mente lo sabían, empezaban a notar los cambios. Los pequeños huéspedes se sentían más tranquilos, más relajados y sobre todo se sentían libres, muy libres, libres de horarios, libres del uniforme, libres para hacer ruido, libres de entrar y salir, les esperaban dos semanas fantásticas, se encontraban en el mejor hogar del mundo, hasta la casa tenía un olor especial.

Las últimas semanas habían resultado algo complicadas, por no decir difíciles.
Angi bajó corriendo las escaleras con sus pies descalzos y su pelo rubio alborotado, en el Colegio donde cursaba sus estudios, debía de llevar su pelo bien peinado y debidamente recogido, se trataba de un colegio interno sólo para chicas. Con su voz alegre hizo saber a todos que ya se había despertado con un: -¡Buenos días Mundo!-.
-¡Buenos días mi pequeño sol,! ¿has dormido bien?-. Tío Thomas se encontraba de pie frente a la ventana tomando una taza de café, el café era la gasolina que hacia funcionar su corazón, bueno... eso era lo que siempre le decía a tía Moli cuando ésta le regañaba por tomar demasiado café. Apartando la vista de aquella ventana, se dirigió al centro de la cocina para pedirle a Angi un beso de buenos días. -¡No te habrás olvidado de endulzarme el café!- y de este modo Angi le daba un besito muy dulce de buenos días.
Joan entró acompañado de tía Moli, habían salido a coger unas flores para adornar la mesa de la cocina. -Anda mi chico, llena el jarrón con un poco de agua, que vamos a poner un poco de color a este nuevo día-. El sonido de la voz de tía Moli, era muy dulce, incluso en algunas ocasiones, sus palabras parecían curar los raspones de las rodillas.
-Tengo que acercarme al pueblo a comprar unas piezas para el pozo, ¿algún voluntario que quiera acompañarme?.- Esas palabras hicieron que Angi empezara a dar saltos y a gritar toda entusiasmada: -yo, yo, yo, yo me apunto- Angi era especialista en asesinar cualquier rato de silencio.
-Con una condición, que os encargáis de coger las cosas de la lista de vuestra tía- Era una buena manera de cerrar el trato.
Joan se encargó de coger la lista, y como era un chico muy previsor y sobre todo el hermano mayor le dijo a su hermana que cogiera su sombrero, ya que el sol era fuerte.

Angi empezó a dar vueltas por los pasillos del supermercado, intentando encontrar alguna de las cosas de tía Moli, se detuvo frente a una estantería y repasando con su vista cada uno de los estantes, descubrió que la botella de agua oxigenada se encontraba en uno de las estantes más altos, en un intento por alcanzar la botella, se puso de puntillas, tan sólo unos pocos centímetros separaban sus dedos de aquella pequeña botella, estaba muy concentrada, quería esa botella, las puntas de sus pies empezaban a dolerle, pues sus sandalias plateadas dejaban al aire libre sus dedos, se detuvo unos segundos en su empeño, soplando los mechones de su pelo dorado que caían sobre sus ojos y se acercaban a sus labios.
-Toma pequeña, si esto es lo que quieres- Angi se quedó fascinada ante la imagen que tenía a su lado, parecía haber salido de alguna de las historias que tía Moli les contaba en las tardes de tormenta. -Si, si, es lo que quiero- esas fueron las palabras que en un tono de voz bajo, casi mudo salieron de la garganta de la pequeña.
-¿Que haces ahí parada?, venga Angi que tío Thom nos espera en la caja- las palabras de Joan que se encontraba al otro extremo del pasillo, sonaron altas y contundentes, e hicieron de este modo que Angi empezara a correr para llegar justo a tiempo de dar a la cajera la botella de agua oxigenada.
-Venga chicos, despediros que nos vamos-, tío Thomas cargó con un par de bolsas y haciendo un gesto con su cabeza, indicó a los chicos que salieran del supermercado.
-Pero tío Thom necesito un segundo, debo de darle las gracias al mago- La voz de la pequeña parecía suplicar unos segundos más de tiempo.
-¿Mago, pero de que mago hablas?- Joan parecía no entender nada. -Si, el mago del pasillo, el del estante del agua oxigenada, el que estaba a mi lado, ¿es que tu no le has visto?- insistió Angi, haciendo que su hermano recordara a esa persona tan... si, tan diferente que la había ayudado.
-¡Pero de qué hablas, es una de tus bromas, porque este no es el lugar ni el momento- Joan tuvo que llamar la atención a su hermana, su tío esperaba con las bolsas.
Angi echó a correr hasta alcanzar el pasillo, se detuvo mirando a un lado y a otro, no podía encontrar al mago, y empezaba a ponerse nerviosa no quería irse sin despedirse de él.
-¡Venga hombre, ya te vale, pero a ti que te pasa!, nos vamos a casa contigo o sin ti, tu decides-. Cogiendo el brazo de Angi, su hermano hizo que ésta saliera del supermercado, tío Thom esperaba dentro de la furgoneta.

Durante el trayecto de vuelta a casa Angi no dejaba de pensar en aquel hombre que había aparecido justo cuando más lo necesitaba, era muy misterioso, pero como diría tía Moli “persona de buena energía”. Allí sentado a su lado se encontraba el incrédulo de su hermano, mientras sus pensamientos le recordaban lo injusto que resultaba a veces ser la hermana pequeña. Siempre se pregunta al hermano mayor cuando se trata de cuestionar algo, o de aclarar los acontecimientos. Pero allí estaba ella con su melena suelta, y su cabeza recostada en la ventanilla de la furgoneta, viendo pasar el paisaje como si se tratase de una película de cine mudo, pensó que su tía si que la escucharía, tenía una pequeña posibilidad de averiguar la identidad del mago, por que en Girnalcam todos se conocían.

Después de cenar Angi se ofreció voluntaria para sacar la basura, y con una de sus pícaras sonrisas le lanzó “el guante” a su tía. -Tía Moli me acompañas a deshacerme de este pesado tesoro, debo encontrar una buena cueva donde poder ocultarlo- sabía que a tía Moli le encantaban las personas con un buen sentido del humor y sobre todo no escasas en imaginación.
En un tono de voz semejante al de un pirata tía Moli respondió: -Tratándose de semejante tesoro, no me queda otra que ayudarte en tarea tan crucial-.
Ambas sonrieron al mismo tiempo y tomando el camino se alejaron, dejando a sus espaldas el porche de la casa.

Mientras caminaban por el camino Angi empezó la conversación. -Tía Moli, ¿no crees que este lugar es misterioso?-.
-¿Misterioso?, bueno si te refieres a que la naturaleza es bella y a veces se presenta ante nuestros ojos misteriosa en su creación, en el ciclo de vida, en saber cómo y porqué cada rama, cada flor, cada arbusto sabe donde crecer, donde florecer, donde dar sombra, ¡Pues sí mi pequeño sol, es un gran misterio!-.
-Entonces se podría decir... que en un lugar así, no sería de extrañar que también habitará algún mago... ¿no crees tía Moli?-Angi llevaba su plan con mucha astucia, no podía terminar la noche sin averiguar la identidad de aquel hombre mágico.
-Ja,ja,ja- la carcajada de tía Moli fue instantánea, y acariciando aquella pequeña cabeza se detuvo mirando fijamente aquellos ojos brillantes y llenos de curiosidad.
-¿Que es lo que te preocupa?, ¡que ronda por esa cabecita!- pregunto tía Moli en un intento de averiguar lo que pasaba.
-Me refiero, que si una persona ve con sus propios ojos, claro con unos ojos... que estén bien, que sean normales, vamos que vean las cosas como son en la realidad, pues eso significa que lo que ve esa persona es verdad, sin importar la edad que tenga, y sobre todo si sus ojos son los únicos que lo han visto-. Así es como Angi exponía los echos ante la atenta mirada de su tía.
-¿Qué has visto Angi?-. Tía Moli preguntó sin andarse con rodeos.
-Esta mañana en el supermercado he visto a una persona algo diferente, me refiero que no iba vestido como los demás-
-¿A que te refieres con eso de que no vestía como los demás?- preguntó tía Moli que empezaba a sentir cierta curiosidad.
-Pues, que su aspecto era diferente, llevaba como un camisón de ropa gruesa con capucha, y tenía el pelo más largo que yo, y la verdad tía Moli estamos hablando de un hombre mayor, no es muy normal que digamos, tío Thom no se viste así, aunque este hombre era más mayor que el tío, como si fuera un abuelo de larga melena y espesa barba de color canoso-.
-Angi, ¿sabes una cosa? Me están entrando ganas de conocer a esa persona tan misteriosa. ¿En que momento te has cruzado con él?-. Tía Moli quería descubrir donde conduciría aquella conversación, en la noche, por el camino que las llevaría a la carretera, siendo las estrellas confidentes de cada palabra.
-Ha sido esta mañana, en el pueblo cuando hemos ido a comprar las cosas de tu lista, yo estaba intentando alcanzar la botella blanca, la del agua oxigenada, cuando apareció a mi lado y extendiendo su largo brazo me la dio-.
-Es muy curioso todo lo que me estás contando, ¡cómo es que nadie me ha dicho nada!-. Replicó tía Moli.
-Es muy sencillo, por que yo he sido la única persona que lo ha visto en el supermercado, y cuando he querido ir a darle las gracias ya no estaba, había desaparecido-.
-¿Porqué no le has pedido a tu tío que te ayudara a buscarle?, sabes que puedes acudir, bueno mejor dicho debes acudir a nosotros siempre que nos necesites-. Esas fueron las palabras de tía Moli que empezaba a sentir cierta intriga.
-Pues por lo de siempre, mi hermano me ha regañado por hacer esperar a la cajera, además no se ha creído nada de lo que le he contado, incluso se querían ir sin mi-. Las palabras de la pequeña sonaban a desánimo.
-Pero lo más curioso tía Moli, es que yo sentía dentro de mi pecho que era una persona cercana, buena, es como si él me conociera, cuando se acercó a mí olía al bosque, el de los arboles altos, el que está más allá de las moreras, además... quieres que te confiese una cosa, pero en plan secreto, ¿vale?- Angi se sentía tranquila, sabía que podía confiar en su tía, en cierto modo tía Moli siempre entendía las cosas y sabía las injusticias que se hacían con los hermanos pequeños, ya que ella había sido la hermana menor de cinco hermanos, además todos chicos.

Angi le hizo un gesto con la mano a su tía para que se agachara y poder decirle al oído su secreto, tía Moli se inclinó para escuchar aquellas palabras que tan bien guardaba Angi.
-Girasol, el hombre mago al darme la botella me miró a los ojos y me dijo girasol, así es como me llamaba mamá, era nuestra palabra mágica, cuando algo nos gustaba mucho o nos daba mucha alegría... siempre decíamos girasol, porque el amarillo era nuestro color preferido, y mamá siempre decía que el girasol era amarillo y siempre se orientaba al sol, y el sol también es amarillo, yo era su pequeño girasol y ella era el sol-.
-Vaya eso sí que es muy sorprendente mi quería Angi, quizás el mago lo que quería decirte es que mamá sabe lo mucho que te acuerdas de ella, y que no quiere que estés triste, es normal que la eches de menos. Todos los que tuvimos la suerte de conocer a tu madre sabíamos que era una persona muy especial y lo más importante en su vida erais Joan y tú, tu madre se hacía querer, yo también la echo mucho de menos-. En esos momentos Angi se abrazó muy fuerte a su tía Moli, ya habían pasado dos años de la muerte de su madre y dentro de su corazón seguía doliendo su ausencia.
-Anda sujétame la bolsa de basura mientras yo levanto la tapa del contenedor, no creo que nadie se atreva a buscar nuestro tesoro aquí dentro-. Y con una acertada voz de pirata tía Moli le dijo a su pequeña corsario: “volvamos al barco antes que la tripulación leve las anclas”-.

Aquella noche le costó quedarse dormida a Angi, estaba en la cama con la ventana abierta contemplando aquel cielo, aquella estrella, el lucero del Alba parecía estar mirándola fijamente, no podía dejar de pensar en el mago y en las palabras de tía Moli Se planteaba con cierta lógica todo lo sucedido, hablar con tía Moli sin duda había sido una buena idea, liberarse de su secreto. Pero tras la confidencia se habían abierto muchos interrogantes, uno tras de otro, como si se tratase de una fila ordenada de hormigas al lado del sendero, ¿habría conocido el mago a su madre?, ¿Volvería a verlo?, ¿Estarían destinados a conocerse?, ¿Ocultaría algún secreto aquel hombre misterioso?.
Al final el sueño pesaba en aquellas pestañas rubias haciendo que sus parpados se cerraran lentamente hasta conciliar el sueño, pero antes de entregarse a los brazos de Morfeo, un murmullo entre sus labios: “mañana será otro día” mientras en su mente la idea de buscar respuestas a todos aquellos interrogantes parecían alejarse como el eco de su voz en la montaña.

Continuará...


Relato escrito por:
Ángeles Calvo Sánchez-Cid
http://arquerazen.blogspot.com
Tomás Cortijo Pérez
http://tomascortijo.blogspot.com
(1 de abril de 2020)