jueves, 18 de julio de 2019

Huellas en el camino




Los años, la madurez y la propia vida, te mostrará a aquellas personas que se han cruzado en tu propio camino, como si se tratara de esa vieja película de diapositivas que observas al final del día, cuando te dejas caer sin ánimo alguno en el sofá, bajo una luz tenue, casi en penumbra. Según te vas acomodado en ese viejo sofá, sentirás en tu ser ese sentimiento que te inunda de emociones pasadas, de vivencias vividas, algunas resultaran ser tan bellas, tan grandes, tan llenas de inocencia y vida, sentimientos que recorrerán una vez más las calles de tu barrio, la plaza, la hora del juego, de saber quién se queda hasta el final, quién será el ultimo que ya anocheciendo te diga: “chaval no vemos mañana”.

Desde ese viejo sofá tumbado con los ojos entreabiertos y sintiendo en el cuerpo el cansancio que dejan los últimos rayos del día, al pasar las manos por el rostro, de manera inconsciente, sin saber el cómo ni el porqué, pude ver una por una, todas esas imágenes, ese café para dos, tu perfume en mis manos, tu voz reclamando al camarero que sirva doble de azúcar.

En un gesto involuntario cerré mi mano, al mismo tiempo que apretaba con fuerza mis ojos, como si ese simple gesto, pudiera otorgarme el poder de mantener tu recuerdo, sentir la suavidad de tus manos, así como la fuerza que habitaba en ellas para no dejarme caer, cuanto más fuerte apretaba mis puños más me parecía sentir tu calor.

Recostado en ese viejo sofá de piel de color marrón, las preguntas rondaban en mi cabeza, como si se tratara de una constelación espacial, que observas incansable una y otra vez, hasta que mis propios ojos quedaban cegados, en un intento por descifrar ese enigma, me resultaba tan fascinante el poder poner respuesta a tantas preguntas, pero con las primeras luces del alba esa bella constelación y su enigma desparecía, del mismo modo que lo hacia mi insomnio, donde tan solo podía rendirme al sueño, quizás con un poco de suerte sería un bonito sueño.

Los años, la madurez y la propia vida, te mostrará a aquellas personas que se han cruzado en tu propio camino, algunas simplemente las verás pasar por tu lado, quizás apenas guardes algún recuerdo de como eran, si te saludaron al pasar, si tu les regalaste una sonrisa, ¿tal vez cruzasteis alguna palabra? o tan solo fue eso, pasar por pasar. Hay persona que han entrado con fuerza en nuestras vidas, ocupando su lugar en nuestro camino, pero que ahora ya no están, ya forman parte del pasado, y al echar la vista atrás te das cuenta que su recuerdo queda lejos, su imagen ya desdibujada es difícil de alcanzar. Intentas recordar la intensidad con que se vivieron esos días, pero en realidad algo dentro de ti quiere poder entender donde se guardan esas emociones, esas que eran puras, verdaderas, que se dieron con el corazón y se abrazaron con el alma, ¿dónde quedan guardadas?,¿A caso existe un baúl especial?. ,

Y este destino mío y este destino tuyo que ha hecho que ahora estemos aquí, nadie nos ha presentado, nadie nos ha dicho nada, tu y yo, tan solo dos personas, que no necesitan ser presentadas, porque fue la propia senda que nos puso frente a frente.

Quizás desde las alturas, desde allá, desde lo más alto, la constelación permaneció despierta el tiempo suficiente como para dar respuesta a todas nuestras preguntas. Y así fue de ese modo tan sencillo, quien decidió unir pensamientos, quien decidió unir sentimientos, quien decidió que ahora les toca a otros resolver el enigma. Y si este destino mío me dice que tu destino está hecho para mi, probablemente hayamos resuelto uno de los enigmas.

Ángeles Calvo Sánchez-Cid
(16 de Julio de 2019)



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