viernes, 11 de septiembre de 2020

EL ULTIMO RAYO DE LUZ

          Imagen bajada de la red


Un rayo de luz se coló de manera inadvertida, quería acomodarse en aquel mechón de su flequillo, aprovechó la caricia de la brisa en una última tarde de verano, para entrelazarse y juguetear en aquellas espesas y negras pestañas. Ella seguía pensativa, entre papeles y libros se perdían sus ojos, parecían navegar, sumergirse y al mismo tiempo flotar entre notas de tinta seca. 

El rayo de luz tímidamente se dejó caer por su mejilla, maquillando su rostro con una suave y sutil estela de luz, haciendo que ella se viera aun más bella y delicada.
Sin levantar el ancla de sus ojos, seguía absorta, entre teorías, fórmulas y posibles resultados, con uno de sus dedos acarició su mejilla de manera espontánea, como si hubiera advertido la presencia de aquel furtivo rayo de luz.

La yema de su dedo en contacto con su rostro hizo que aquel rayo de luz se fuera apagando según caía por el laberinto de su huella dactilar, podía sentir miedo, exaltación, dicha y gozo... ¡Que otra cosa podía ser que amor!

Así que decidió vestirse de fino hilo dorado, quería cumplir su deseo antes de que se escondiera el sol, verse reflejado en las pupilas de aquellos ojos verdes, verde esperanza. Su luz se hacía más tenue, se iba apagando en la última tarde de verano, verde eran sus ojos, verde la esperanza de saber que volvería con el primer rayo de sol a enredarse en sus pestañas.

Ángeles Calvo Sánchez-Cid
(10 de septiembre de 2020) 

P.D. Dedicado a mi Alma Gemela


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