martes, 25 de junio de 2019

CERRÉ LA PUERTA




Cerré la puerta tras de mi, aunque me quedé unos segundos inmóvil, sin avanzar, como si el dar un paso más significara aceptar que todo había acabado y eso en esos momentos era algo difícil de digerir. Sentía la tristeza dentro de mi ser, las paredes parecían esperarme inmóviles, silenciosas, todo parecía permanecer mudo, incluso el propio silencio. De repente empecé a avanzar por la habitación, me detuve en el mismo centro de la sala y me dije para mis adentros: ¿Y ahora qué?

Podía sentir dentro de mi mente ese sentimiento que arañaba mi cabeza, y al mismo tiempo sentir en mi estómago el aleteo incesante de unas mariposas que hacían todo lo posible por escapar de un pozo oscuro y profundo. Quizás en ese momento yo era una de esas mariposas que no lograba encontrar la luz, que no alcanzaba ver la salida.

De camino a la habitación dejé caer las llaves que rodaron por la palma de mi mano para golpear la mesa de cristal. Aquel sonido devolvió a mi mente el ruido que producen los reproches, esos que golpean incesantes una y otra vez para cerciorarse de que estás ahí, que no te has ido y puedes dejarlos entrar, son como ese eco que siempre vuelve al punto de partida. Tan solo me detuve un segundo, el tiempo que me llevó girarme para contemplar aquella imagen, unas llaves encima de la mesa, las llaves de alguien, unas llaves dejadas, tan solo unas llaves de alguien que ahora se encontraba roto.

Respiré profundamente y dejé caer mi cuerpo encima de la cama, como si al hacerlo me despojara de toda fuerza, de toda voluntad. Y allí inmóvil sin ganas de tener ganas, me abandoné a la nada, despojándome de todo tiempo. Los recuerdos insistían en acompañarme una y otra vez, y cerrar los ojos parecía ser la única manera de tener algo de paz, de sosiego.

Dejaba pasar las horas, encima de mi pecho reposaba mi mano, y eso hacía que sintiera el latido de mi corazón, ese "bum, bum" que acompañaba a mi respiración. Empecé a escuchar el sonido de ese latido, el mío, el de mi corazón y en la manera en que mi mano subía y bajaba como si se tratara de unas notas de música.


Sin saber cómo, en que momento, empecé a sentirme bien, relajado, ajeno a todo lo que acontecía fuera de aquellas cuatro paredes, todo parecía perder importancia, desdibujarse.

Como una pincelada quedó el recuerdo, ése, el de decirme para mis adentros: "mañana será otro día". Dejar de sentir, desechar los miedos, querer ser, seguir... Ese último pensamiento debía de ser algo bueno, algo nuevo. Y así de ese modo decidí abandonar las tristezas, abandonar el día, abandonar la noche, abandonar mi cuerpo y entregarme al sueño.

Sin duda el mañana seria otro día.


Ángeles Calvo Sánchez-Cid
(24 de junio de 2019)

Imagen bajada de la red

6 comentarios:

  1. Esta precioso palabras que me identifican mucho. Animo escribes con inspiracion, muy bello

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    1. ¡Muchas gracias Nolvia. Este relato está dedicado para ti, por tener esa sensibilidad especial al leer las palabras y hacerlas tuyas!

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  2. Angels, las puertas se atraviesan como partículas Subatomicas penetrante paredes de piedra. La puerta lleva al otro lado.
    El lado es el más allá, el final del camino de ida y vuelta. Las llaves? Dónde están las llaves matarilerile...

    Las mías las de mis candados y ciiicios duermen en el fondo del mar. Fue un día para enmarcar en el lienzo de la paz y la libertad.

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  3. Sincronizados, conectados, energía, amigos...

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  4. Eres un encantando escribiendo e interpretada bien los sentimientos.
    Cualidades que conozco desde hace muchos años. Besos mi secretaria favorita.

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  5. ¡Muchas gracias Paco por tu cariño y apoyo!

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